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CANNES 2022 Quincena de los Realizadores

Crítica: Un varón

por 

- CANNES 2022: El primer largometraje del director colombiano Fabián Hernández ofrece una versión queer del relato de paso a la adultez en el mundo de las bandas de delincuentes

Crítica: Un varón
Dylan Felipe Ramírez Espitia en Un varón

¿Es Carlos (Dylan Felipe Ramírez Espitia), el joven protagonista del primer largometraje de Fabián Hernández, realmente tan varonil como apunta el título? En este caso el término "varón" no es tanto un calificativo sino más bien un sello de aprobación o el equivalente a una matrícula de honor por destacar en las peligrosas calles de Bogotá. Y Carlos, un infeliz e inquieto residente de un centro de acogida para jóvenes, tiembla al pie del precipicio en el que la infancia o la niñez dan paso a una supuesta hombría. Mientras que muchas películas sobre adolescentes muestran intentos torpes o entrañales de madurez, Carlos solo quiere hacerse un ovillo y esconderse.

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La respuesta, o la explicación, como dice Hernández con admirable sutileza, es que Carlos se está dando cuenta de su latente personalidad queer. Su existencia en las calles y su incipiente relación con un delincuente local pondrán su joven vida patas arriba. Un varón [+lee también:
tráiler
entrevista: Fabián Hernández
ficha de la película
]
, que participa en la Quincena de los Realizadores del 75º Festival de Cannes, muestra algunos de los rasgos inestables y poco explotados de un primer largometraje, pero destaca por su original visión del entorno y por las bellas imágenes que evocan una especie de fotogénica desolación urbana. Es evidente que la película brota desde un lugar muy personal de Hernández, y es palpable antes de que uno lea su historia y conozca sus fuentes de inspiración.

Las cosas no pintan bien para Carlos en el centro de acogida para jóvenes en el que vive, pero el espectador percibe una fortaleza interna y un pragmatismo que prevalecen por encima de sus inseguridades. Vive allí porque su madre está en la cárcel, mientras que su hermana (Juanita Carrillo Ortiz) trabaja “en la calle”, como dice ella, como trabajadora sexual. La educación no aparece por ningún lado: Carlos pasa los días trabajando en obras de demolición que gracias a la fotografía de Sofia Oggioni parecen esculturas experimentales en roca. Freddy (Jhonathan Steven Rodríguez), un antiguo compañero, se fija en él, y no especialmente con malas intenciones sino más bien para iniciarlo en el rito de paso hacia la cultura de la vida en la calle, que parece ser lo que les espera a los jóvenes similares a él. Como escuchamos en las declaraciones a cámara, tipo documental, de los otros residentes del centro, a los que les gustaría estar bajo el ala protectora de Freddy, “las calles tienen tentáculos que tiran de ti” y “las calles no toleran a los chivatos, a los raritos y a los afeminados”.

Un varón dura algo menos de 80 minutos sin incluir los títulos de crédito. La película busca deliberadamente parecer un cuento, y al igual que muchos de los grandes cuentos, no se preocupa tanto por la narración sino más bien por las impresiones y las viñetas que van de la mano de ella. Al principio de la película, un largo fragmento que sigue a Carlos durante una noche de fiesta de Nochebuena transmite inmediatamente la sensación de que Fabián Hernández está logrando algo enriquecedor: no se echa en falta una relación causa-efecto y lo que hay es una sucesión de acontecimientos que dejan entrever el estado de ánimo de Carlos, entre los que se incluye un intento frustrado de sexo heterosexual con una prostituta.

La última línea argumental, en la que Freddy encarga a Carlos que mate a alguien, resulta menos convincente y no proporciona la potente catarsis que busca Hernández. Freddy lo había concebido como un punto de inflexión para el paso a la adultez masculina de Carlos, pero este prometedor director sabe que llegar a la propia identidad sexual no es un proceso tan lineal. Y también sabe que requiere mucho amor propio, eso por encima de todo.

Un varón es una coproducción de Colombia, Francia, Países Bajos y Alemania, fruto del trabajo de Contención Producciones, In Vivo Films, Fortuna Films y Black Forest Films Gmbh. De sus ventas internacionales se ocupa Cercamon, con sede en Dubái.

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(Traducción del inglés por Marcos Randulfe)

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