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CANNES 2022 Quincena de los Realizadores

Crítica: Enys Men

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- CANNES 2022: Después de su aclamado largometraje Bait, el director británico Mark Jenkin da un paso natural hacia un inquietante terror folclórico

Crítica: Enys Men
Mary Woodvine en Enys Men

Como cantaba Bob Dylan en su canción “Rainy Day Women #12 & 35”, “everybody must get stoned”, es decir “todo el mundo se debería colocar”. Y entonces llega Enys Men [+lee también:
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, de Mark Jenkin, seguramente una de las únicas películas hasta la fecha que relacionan la geología del rock con la psicodelia y las experiencias extracorporales, y se apropia del doble sentido en inglés con tanta seguridad como Dylan. El cine de Jenkin se desarrolla, por utilizar una palabra de moda, en una zona "liminal": se sumerge en los extraños encuentros de la vida marítima en la costa de Cornualles, con toda su bruma, su niebla y su soledad. Por sorprendente que parezca, para los forasteros un obelisco puede ser solamente eso, una piedra enorme que se mantiene en pie, pero para los marineros que cruzan las islas a diario, esa piedra se erige en una significativa estrella polar de la superstición.

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Estrenada esta semana en la Quincena de los Realizadores de Cannes, Enys Men absorbe y estremece hasta un cierto grado, pero carece de la inspiración inesperada de Bait [+lee también:
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, su anterior trabajo, estrenado en la Berlinale, que provocó un justificado entusiasmo por Jenkin como nuevo maestro británico en potencia. Bait aportaba una agudeza visual que recordaba a los trabajos de Ken Loach, que lamentaba con rabia los cambios sociales en una de las zonas más desfavorecidas del país, pero lo enmarcaba en una estética de cine mudo que proporcionaba un verdadero arrebato cinematográfico. Las preocupaciones medioambientales y sociales de Enys Men (que significa "isla de piedra" en la lengua de Cornualles) también surgen directamente de la conexión de toda la vida de Jenkin con la zona, si bien la experiencia encaja más bien en la escuela moderna del terror popular contemporáneo, con reminiscencias (lejanas) de Midsommar (de Ari Aster), Ben Wheatley y Don’t Look Now (estrenada en 1973, el año en el que se ambienta Enys Men, aunque parece atemporal).

Mary Woodvine, que pasa a ser la protagonista tras un papel secundario en Bait, es una "voluntaria" sin nombre del Wildlife Trust. La destinan a ella sola, de una forma un tanto misteriosa, durante un mes a una pequeña isla de la costa de Cornualles. Su función consiste simplemente en registrar los efectos medioambientales locales en un terreno donde hay unas flores blancas muy poco comunes, situado cerca del pozo artificial de una mina de estaño abandonada. Una de las extrañas virtudes de Bait era su inesperado ritmo de la comedia, y Jenkin consigue unas leves dosis de humor con muchos primeros planos de la voluntaria escribiendo, día tras día "Ningún cambio" en su cuaderno de bitácora

Pero conforme la fecha se acerca al 1 de mayo (o May Day), curiosamente la película empieza a añadir algo de volatilidad a su plácida superficie. La vieja radio de Woodvine (en la que también suena música electrónica ambiental y funk de estilo Blaxploitation) nos comunica amablemente que el menhir o piedra similar a las de Stonehenge que se levanta en pleno corazón de la isla sirve para que los lugareños recuerden episodios dolorosos de su pasado, y lo hace de una manera que no se aleja mucho de cómo la propia emisora transmite destellos del mundo exterior en este paisaje original. Los líquenes rojos comienzan a aparecer cerca de los pistilos de la flor, y así queda registrado en el cuaderno de bitácora. Y lo que resulta más intrigante es que nuestra percepción de quién es en el fondo la Voluntaria y cuáles han sido sus relaciones a lo largo de su vida son hechos que se desgranan en caminos múltiples que se bifurcan, expresados en una serie intermitente de coincidencias e interrupciones interrelacionadas.

La tesis de la película parece girar sobre el cuidado del medio ambiente: las hermosas formas de vida que engullirá el mar dentro de 50 años, de acuerdo con el espeluznante pronóstico que nos indica la crisis climática. Pero esto parece más vago, menos urgente y menos voluble que las hermosas postales de Cornualles que el realizador ha podido capturar anteriormente.

Enys Men es una producción de Reino Unido, puesta en pie por Bosena, Film4 y Sound/Image Cinema Lab. Sus ventas mundiales las gestiona Protagonist Pictures.

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(Traducción del inglés por Marcos Randulfe)

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