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ZÚRICH 2021

Crítica: The Lost Daughter

por 

- Maggie Gyllenhaal trata uno de los mayores tabúes sociales en su magnífico y perturbador debut en la dirección: las madres que quizá, o quizá no, se arrepienten de tener hijos

Crítica: The Lost Daughter
Olivia Colman y Dakota Johnson en The Lost Daughter

Es incuestionable la tenacidad de Maggie Gyllenhaal, que en lugar de conformarse con un debut discreto como directora, buscó a los mejores actores y a la escritora de moda y autora de La amiga estupenda, Elena Ferrante, en cuya novela se basa su película, The Lost Daughter. La cinta, que se proyecta en el Festival de Cine de Zúrich después de haberle reportado a Gyllenhaal el premio al Mejor guion en Venecia, es una de esas historias que se desarrollan no en la oscuridad, sino bajo un sol agobiante, como las vacaciones de la profesora Leda, que parece tomar su nombre de un poema de Yeats (Olivia Colman). Está sola, así que observa su entorno con más atención y se fija en la joven madre Nina (Dakota Johnson, que parece una concursante de Jersey Shore, en el mejor sentido posible).

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Parece que en esta película la maternidad puede generar un trastorno de estrés postraumático, ya que Leda pronto empieza a recordar su pasado con sus dos hijas, que la agotaban y le quitaban cada minuto del tiempo que le hubiera gustado dedicarse a sí misma. No es otra dulce muestra de las “recompensas” de tener un hijo; la realidad es cruel. 

Quizás sean los recuerdos o el sol, pero Leda empieza a comportarse de forma divertida. Busca peleas con la turbia familia de Nina, que baja a la playa desde su villa rosa como un grupo de Sopranos ruidosos, y termina robando la muñeca de la niña. Su propia hija arruinó su vida, hace años, aunque probablemente haya más en este gesto instintivo del que ella parece avergonzarse, o quizás le proporcione una satisfacción perversa. Es como si su personaje fuese definido por pequeños actos desafiantes como estos, o por el mal genio, y Colman lo aprovecha al máximo. En esta ocasión interpreta un papel complejo y divertidamente incómodo, a quien da vida Jessie Buckley en su juventud: una mujer (o, quizás, mujeres) que lucha constantemente por la supervivencia, ya sea en “vacaciones laborales” en Grecia o en su casa, entre los gritos que amenazan su carrera académica y su cordura. Es lo suficientemente espinosa para decirle a una mujer embarazada que “los niños son una responsabilidad devastadora”, porque alguien tiene que hacerlo.

Los hombres también van y vienen en la película (Ed Harris, Paul Mescal de Normal People), pero apenas tienen protagonismo, ya que el reparto femenino de Gyllenhaal se reserva las confrontaciones más interesantes —o la más raras—. Es maravilloso que nadie aquí sea una única cosa, no sólo “una madre”, “una amante” o “una esposa”, todo se derrite con el calor y se fusiona. Si este es sólo el principio de Gyllenhaal como directora, casi da miedo pensar en lo mucho que profundizará en el futuro.

The Lost Daughter es una coproducción entre Grecia, Estados Unidos, Reino Unido e Israel llevada a cabo Endeavor Content (que también gestiona las ventas internacionales), Samuel Marshall Films, Pie Films y Maggie Gyllenhaal. Se estrenará en Netflix.

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(Traducción del inglés)

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