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SAN SEBASTIÁN 2021 Competición

Crítica: Quién lo impide

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- La nueva película de Jonás Trueba es un triple salto mortal con tirabuzón ejecutado con maestría que le confirma, por si hiciera falta, como un cineasta sobresaliente y único

Crítica: Quién lo impide

No podemos sorprendernos porque Jonás Trueba sea un tipo obsesionado con el cine. Criado entre focos y cámaras, el cineasta madrileño lleva más de una década demostrando que lo suyo con el arte de capturar imágenes y sonidos va más allá de la dedicación profesional, es una necesidad vital que condiciona su forma de estar en el mundo. Quién lo impide [+lee también:
tráiler
entrevista: Jonás Trueba
ficha de la película
]
es su último proyecto hasta la fecha y estos días se presenta en el 69° Festival de San Sebastián, donde opta a hacerse con la Concha de Oro.

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Esta idea del cine como herramienta de conexión con la realidad siempre ha estado presente en la filmografía de Trueba, con películas llenas de referencias a sus maestros y decisiones estilísticas que buscan difuminar la barrera entre lo real y lo ficticio, entre el cine y la vida. Y esto se ve más que nunca en la película que nos ocupa, un proyecto descomunal de más tres horas que gira alrededor de un grupo de adolescentes que, entregados en cuerpo y alma, crean junto al director un fresco vibrante sobre uno de los momentos más cruciales en la vida de cualquier ser humano.

No negaremos que uno entra con miedo a la sala ante lo mastodóntico del metraje. El susto se pasa pronto. Durante un breve prólogo en el que Trueba habla virtualmente con sus jóvenes colaboradores, es él mismo el que ironiza sobre la duración de la película e invita a sus compañeros de aventura a confiar en la audiencia y su capacidad para disfrutar la experiencia. Si la idea era relajarnos y ponernos en la disposición correcta, misión cumplida, Jonás.

A partir de aquí todo fluye. Dividida en tres actos separados por dos reconfortantes descansos de cinco minutos, la película intercala fragmentos puramente documentales con relatos ficticios. En los primeros, Trueba conversa con chicas y chicos de tú a tú, con respeto y empatía, logrando momentos de gran verdad en los que la madurez y la inteligencia de los chavales traspasan la pantalla para emocionar profundamente a quien observa. En las historias de ficción, se experimenta con las formas de narrar, se utilizan recursos diversos como la voz en off coral, que dan un extra de frescura a unas historias ya de por sí llenas de energía y descaro.

A pesar de ser un trabajo claramente colaborativo, en la que la voz de los chavales tiene tanta importancia como la visión del experimentado director, las señas de identidad de Trueba están muy presentes: su exacerbado romanticismo, los largos paseos por las calles y parques de Madrid, las verbenas de verano... Al final, reconociendo en sus compañeros de viaje a artistas tan capaces como él mismo de contar buenas historias, el director consigue crear un conjunto en el que su identidad como artista y la visión del mundo de los chavales se conjugan para dar como resultado una película grande, muy grande. Y no nos referimos solo a la duración.

La última propuesta de Trueba es audaz, tan valiente que roza lo kamikaze. Y el resultado no es otra cosa que un trabajo brillante, que da un nuevo sentido a la experiencia de ver cine en una sala rodeado de extraños, para compartir con ese grupo de desconocidos las emociones intensas que provoca ver a un grupo humano encantador desnudar su yo más íntimo en una pantalla grande.

Quién lo impide es una producción de Los Ilusos Films con la colaboración de la Cineteca de Madrid y será distribuida en España por Atalante.

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