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KARLOVY VARY 2021 Competición

Crítica: The Staffroom

por 

- El primer largometraje de Sonja Tarokić es una clase magistral de dirección, con un potente mensaje social y poderosas emociones en un decorado que representa un microcosmos de la sociedad croata

Crítica: The Staffroom
Marina Redžepović en The Staffroom

La directora croata Sonja Tarokić da el salto a la escena internacional de festivales con un pelotazo: su película de estreno, The Staffroom [+lee también:
tráiler
entrevista: Sonja Tarokić
ficha de la película
]
, que ha tenido su puesta de largo mundial en la Competición de Karlovy Vary, es un estudio de la sociedad en forma de un torbellino de personajes y situaciones. Se trata de un trabajo que va de menos a más y que es ambicioso y con razón, un trabajo envidiablemente maduro y logrado.

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Nuestra heroína es Anamarija (Marina Redžepović, en su primer papel protagonista en una película importante), una consejera de treinta y pocos en una escuela primaria de Zagreb. Cuando empieza el trabajo es entusiasta, afronta de manera resolutiva los problemas de los pequeños y no se amilana ante un entorno repleto de relaciones complejas, juegos de poder y egos frágiles.

El optimismo de Anamarija y su creencia en su valía profesional y en la decencia humana básica pronto chocarán con los enrevesados, violentos, a veces desagradables y profundamente arraigados cimientos de este complejo sistema. En un principio la consejera hace todo lo que está en sus manos para ayudar a un chaval problemático que es creativo e inteligente, al mismo tiempo que díscolo y en ocasiones agresivo, y entonces se topa con obstáculos que suponen en su camino la directora, Vedrana (Nives Ivanković), y la relación entre los padres del chico y la profesora. Al igual que otras subtramas, esta línea narrativa se colará en la película de principio a fin, con una escena conmovedora en la que se ve implicada la madre del chico.

Pero también cabe mencionar la cuestión de las grabaciones que hacen los chavales en clase y cómo cuelgan el material en internet o la idea de Anamarija de conectar grupos creativos en el colegio, lo que enfrentará al profesor que lleva el taller de teatro y al que lleva el grupo de interpretación, un choque en el que la asesora es la que más sufrirá.

Sin embargo, el conflicto clave que tiene Anamarija es con Siniša (Stojan Matavulj), un excéntrico y paranoico profesor de historia que hace tiempo cumplió los sesenta y al que todos los compañeros de departamento parecen haber decidido hacerle luz de gas. Se considera a sí mismo un erudito a la antigua usanza, si bien se acerca más a un conspiranoico de poca monta. Insiste en que quiere dar clases únicamente empleando un polémico libro de texto escrito por él mismo, para disgusto de la asociación de padres. Todo esto lleva a Anamarija a comprender que no puede nadar contracorriente y que tendrá que sacrificar su integridad si desea sobrevivir en este entorno y evitar terminar como Siniša.

La película está rodada exclusivamente en el colegio, con la excepción de un viaje de campo y una serie de escenas en casa de Anamarija (que tiene marido y un hijo, y hay que recordárselo al espectador). De esta manera, Tarokić adopta un estilo muy de Altman, con una puesta en escena compleja y maravillosamente ejecutada, repleta de adultos, niños y las voces de unos y otros que crean un murmullo incesante. La perenne cámara de Danko Vučinović centra la atención en una persona en el fondo de la toma, entre una multitud de cabezas o atravesando ventanas. En otros momentos, sigue los pasos de un personaje, analizándolo de arriba abajo. En el guion de Tarokić, el retraso a la hora de ofrecer información sobre los eventos clave que suelen tener lugar fuera de pantalla fortalece la sensación de un caos bastante desbocado.

La paleta de colores está dominada por los rojos y los blancos, especialmente porque se nutre del ingenuo arte que cubre muchos de los muros del colegio. En combinación con la partitura del grupo folk Lado, que consiste en una sucesión de palmas y voces guturales, a uno le viene a la cabeza la dicotomía entre la tradición y las ideas modernas, sello característico de la sociedad croata.

Redžepović está presente en todas las tomas de los 126 minutos que dura la película y brilla en todo su esplendor. Todo indica que se convertirá en una estrella tras 13 años de carrera y 34 intervenciones en cortometrajes, largometrajes y series de televisión. Pero la imponente interpretación de Matavulj como profesor de arte y la deliciosa manipulación de la aparentemente ignorante cabeza de Ivanković son los elementos que añaden tensión y picante a la película.

The Staffroom es una coproducción entre la croata Kinorama y la francesa KinoElektron. New Europe Film Sales tiene los derechos internacionales.

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(Traducción del inglés por Marcos Randulfe)

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