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CPH:DOX 2021 Dox:Award

Crítica: The Last Shelter

por 

- La cinta de Ousmane Samassekou, ganadora en CPH:DOX, es un documental inquietante e intenso sobre un refugio para migrantes que van hacia Europa o vuelven de ella

Crítica: The Last Shelter
Esther Dorothee Safiatou en The Last Shelter

En el mundo del arte, y especialmente en el cine, existe la noción de "meollo": las partes esenciales, más potentes y reveladoras de una película, en contraposición al "relleno", las partes que solo sirven para cubrir metraje. Podemos decir que The Last Shelter, del cineasta maliense Ousmane Samassekou, que ha tenido su estreno mundial en el CPH:DOX (donde se ha llevado el premio principal), es todo meollo.

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La película comienza de una forma apropiadamente intensa, con un cementerio improvisado en las afueras de la ciudad de Gao, en Mali, al suroeste del Sahara. Las personas enterradas allí, sobre las que apenas consta una fecha de nacimiento aproximada escrita en las placas de metal que representan las lápidas, eran habitantes de la Casa de los Migrantes. Este lugar ha acogido durante décadas a inmigrantes que se dirigen a Argelia y, con suerte, posteriormente a Europa, pero también a aquellos obligados a regresar después de un intento fallido de encontrar su lugar en el paraíso imaginario de Occidente.

Esther y Kadi, dos chicas de 16 años, han llegado de Burkina Faso tras ser expulsadas por sus familias. Esther está cubierta completamente por un chador, a excepción de su rostro. Herida y curtida por el viaje, la joven se comporta con orgullo y desconfianza. Cuando el hombre corpulento, siempre sonriente y anónimo, que parece administrar el lugar intenta convencerla para que dé sus datos personales (apellido, dirección, personas de contacto), ella guarda silencio. Sin embargo, cuando comienza a explicar los peligros a los que deberá enfrentarse, relatando las experiencias de otras mujeres jóvenes y sin formación que acabaron siendo vendidas como esclavas sexuales en Argelia (o algo peor), una lágrima comienza a resbalar por su mejilla. Entre las muchas escenas poderosas de la película, esta se revela como un momento decisivo para el espectador, que comienza a darse cuenta del verdadero alcance de la situación que viven los migrantes.

Estos hombres y mujeres, llegados de todo el África subsahariana, tienen muy pocas posibilidades de triunfar. Desde Gao, todavía deben cruzar el desierto y llegar al norte de Argelia, un lugar poco acogedor. Muchos de ellos son víctimas de estafadores y acaban siendo asaltados, violados y asesinados por grupos armados y bandidos, incluido Al Qaeda, que cuenta con puestos de control en el camino. Aunque finalmente logren subirse a un barco en dirección a Europa, sin ahogarse ni terminar en la cárcel, al llegar a ese paraíso imaginado se encuentran con la exclusión y la discriminación. La película transmite la inquietante sensación de estar en un limbo, mientras que la banda sonora monótona y sibilante de Pierre Daven Keller parece estar compuesta por los propios vientos del Sahara.

La fuerza principal de la película radica en la forma en que Samassekou, que también se encarga de la dirección de fotografía, y la editora Céline Ducreux, presentan y ordenan las historias de los protagonistas, como las de aquellos hombres tan traumatizados que apenas parecen estar presentes, sumidos en delirios y paranoias. La película también ofrece momentos brillantes y tiernos, gracias a la representación profundamente humana que hace Samassekou de los habitantes de la casa. Destellos de luz que atraviesan este corazón de las tinieblas, un corazón creado por los antiguos imperios europeos y ennegrecido todavía más por sus despiadados sucesores, que tienen el valor de llamarse a sí mismos democracias.

The Last Shelter forma parte del proyecto Generation Africa, promovido por la sudafricana STEPS, que también se encarga de los derechos internacionales. La cinta ha sido coproducida por la francesa Point du Jour - Les films du balibari, la maliense DS Productions y Arte.

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(Traducción del inglés)

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