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CPH:DOX 2021 Nordic:Dox Award

Crítica: Oh, It Hertz!

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- El documental de Gunnar Hall Jensen es una exhaustiva exploración de la intensa relación de la humanidad con los sonidos y las emociones

Crítica: Oh, It Hertz!

¿Cómo reaccionarías si supieras que Joseph Goebbels y los nazis pudieron haber cambiado la frecuencia estándar de 432 Hz a 440 para hacer que las masas fuesen más agresivas y fáciles de manipular? ¿Hasta qué punto la música que hemos escuchado durante toda nuestra vida ha cambiado desde que se implementó dicha normativa? Estas son las complejas cuestiones que plantea el extraño documental Oh, It Hertz!, de Gunnar Hall Jensen, que compite por el premio Nordic:Dox Award en el festival CPH:DOX de este año. La protagonista del documental, la música estadounidense Laurie Amat, se inspira en esta teoría conspiratoria para iniciar su propio viaje y encontrar la verdad, pero poco a poco se revela un tema más amplio: ¿Qué significa el sonido para nosotros? ¿Cómo afecta y cambia nuestras emociones?

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Parecen ingredientes jugosos para un documental muy comprometido. Laurie es una mujer excéntrica y carismática, y una narradora que no duda en revelar datos importantes de su biografía; todos relacionados con sus experiencias y sensaciones personales con la música y el sonido. A lo largo de su viaje, conoce a varias personas que, por diferentes motivos, han desarrollado un vínculo único —para algunos, casi una obsesión— con el sonido. Entre los testimonios se encuentra la percusionista escocesa Evelyn Glennie, que es sorda desde los 12 años, pero que ha aprendido a usar el cuerpo como caja de resonancia; un hombre noruego llamado Stig Arne Skilbrei, que superó un cáncer y decidió dedicar su vida a construir el sistema de sonido óptimo con el sonido perfecto; y Yoko Sen, una música electrónica que, después de haber estado gravemente enferma, se interesó por reinventar el excesivo sonido de las máquinas de los hospitales.

De vez en cuando, la película muestra material de archivo de una orquesta nazi tocando música majestuosa. También podemos ver a Laurie recopilando archivos para reunir información sobre la misteriosa conferencia de 1939 que cambió la afinación de la música a nivel mundial, y sintiéndose inquieta ante la idea de que los nazis pudieran haber “contaminado” las canciones que ella ha escuchado durante toda su vida. Estos elementos aumentan las expectativas del espectador que, a lo largo de la película, se mueve entre las distintas entrevistas controladas y los paréntesis cinematográficos que acompañan a Laurie en su viaje de investigación sobre el poder del sonido. Sin duda, es un viaje fascinante —y bien construido a nivel técnico, gracias a la agradable fotografía de Måns Berthas y al rico y fascinante paisaje sonoro de Øyvind Rydland—, pero eso puede traicionar al espectador. Hacia el final, la historiadora de la música Fanny Gribenski desmonta la teoría de la conspiración en un abrir y cerrar de ojos, y con argumentos sólidos. Como el tema central de la relación entre el sonido y las emociones es sólido y está bien contado, uno puede preguntarse por qué la premisa del documental tenía que ser una teoría ya rechazada por el ámbito académico. Quizás el controvertido cambio en el tono de la música en 1939 podría haber sido un elemento de la trama, pero enmarcado y contado de forma diferente.

Por fortuna, este aspecto no impide al espectador apreciar las cualidades de este documental; un enfoque alegre y juguetón del tema, una protagonista fuerte junto con un grupo de entrevistados brillantes, una extraordinaria ejecución técnica y, en general, una estructura narrativa clara que mantiene a los espectadores enganchados. Y hay otra joya más: la secuencia poscréditos de la película es divertida y merece un visionado.

Oh, It Hertz! ha sido producida por Christian Aune Falch, Torstein Parelius e Ingrid Galadriel Aune Falch para la compañía noruega UpNorth Film. La canadiense Syndicado gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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