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VISIONS DU RÉEL 2021 Competición Burning Lights

Crítica: Dida

por 

- En su primer largometraje documental, Nikola Ilić y Corina Schwingruber Ilić tratan una dolorosa historia personal de un modo conmovedor y optimista

Crítica: Dida

El matrimonio serbosuizo compuesto por los cineastas Nikola Ilić y Corina Schwingruber Ilić ha sido un incondicional del circuito europeo de cortometrajes, con películas conjuntas o por separado, entre las que se encuentran dos victorias seguidas en los Swiss Film Awards con Rakijada y All Inclusive, su mayor éxito hasta la fecha. Su primer largometraje documental, Dida [+lee también:
tráiler
ficha de la película
]
, acaba de estrenarse en la sección Burning Lights del festival Visions du Réel, y supone otro ejemplo de una perspectiva dinámica, comprometida y optimista ante temas serios.

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La Dida del título es la madre de Nikola. La voz en off del codirector explica que ella nunca se recuperó de una convulsión que sufrió cuando tenía dos años y, como consecuencia, tuvo muchos problemas de aprendizaje. Por eso a él lo crio su abuela. La película empieza con los cuatro —Dida, la abuela, Nikola y Corina— en el cementerio, conmemorando otro aniversario de la muerte del abuelo con rakija y el plato favorito de Nikola, sarma. A juzgar por el humor, se podría pensar que se trata de una especie de celebración y no de un acto solemne.

Este espíritu paradójico impregna toda la película, que se desarrolla en varios apartamentos de Belgrado y Lucerna. El de Belgrado, donde viven Dida y la abuela, está algo abandonado y abarrotado de objetos que las dos mujeres han acumulado durante décadas. Mientras tanto, Nikola y Corina están reformando otro apartamento. Viven en Suiza casi todo el año, y a menudo van de visita, pero el apartamento de Dida es demasiado pequeño para los cuatro.  

En un momento dado, a Dida le diagnostican un cáncer y, tras la primera fase del tratamiento, visita a la pareja en Lucerna. Sin embargo, nadie diría que la señora de la sonrisa perpetua está enferma: en cierto modo, parece una niña feliz, le encantan los animales, la lectura y se pone muy contenta cuando Nikola le regala un ejemplar de “El Hobbit” por su cumpleaños. Pero eso no significa que no sea inteligente: aunque no se especifica su discapacidad, no es grave.

Cuando la abuela muere, empieza un nuevo capitulo para todos. Dida no puede cuidar bien de sí misma, ya que carece de habilidades financieras y podría ser presa fácil de explotadores de ancianos y personas solitarias. Nikola se encuentra dividido entre su responsabilidad hacia su madre y su propia vida, que sigue su curso. Corina y él deberán encontrar la forma de combinar ambas. La película funciona bien tanto a nivel personal como a nivel social, pero se centra en el primero. Es una situación que afecta a muchos inmigrantes, pero la película también relata una historia muy específica. El tono dominante es agridulce y melancólico, aunque se ve alterado por el espíritu de los protagonistas y directores, que lo animan, haciéndolo optimista y esperanzador. La clave está en la música alegre de Heidi Happy, donde el bajo, el acordeón y el piano suenan como si acompañaran una escena en un café parisino en una película de Hollywood de los años 50. 

El manejo de la cámara de los codirectores y de Pablo Ferro Živanović se adapta a las circunstancias y, a menudo, graba en espacios desordenados y abarrotados entre los muebles y docenas de mantas que Dida dice necesitar. En cuanto a los exteriores, resulta complicado encontrar un contraste urbano tan grande como el que vemos  entre la magullada Belgrado y Lucerna, una ciudad de cuento de hadas con un lago; y los directores saben cómo captar y usar ambas ciudades.

Dida ha sido producida por Dschoint Ventschr Filmproduktion AG, y coproducida por SRF y SRG SSR.

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(Traducción del inglés)

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