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BERLINALE 2021 Encounters

Crítica: Bloodsuckers

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- BERLINALE 2021: La insegura película de Julian Radlmaier sigue a un operario algo perturbado que huye de la Unión Soviética en un intento desesperado por convertirse en una estrella de Hollywood

Crítica: Bloodsuckers

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, el segundo largometraje del director y guionista alemán Julian Radlmaier, sigue la senda marcada por su ópera prima, la comedia Self-Criticism of a Bourgeois Dog [+lee también:
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, que proyectó en Róterdam y en Berlín, y que ganó el Premio de la crítica alemana en la categoría Mejor ópera prima en 2017.

Su segundo proyecto, que participa en la sección Encounters de la Berlinale, está ambientado en el verano de 1928 y se centra en un alocado trabajador de una fábrica llamado Lyovischka (interpretado por Alexandre Koberidze), que huye de la Unión Soviética en un intento desesperado por convertirse en una estrella de Hollywood. En la primera parte de la película, vemos que Lyovischka ha sido seleccionado para el papel de Trotsky en la película October, de Sergei Eisenstein, pero su sueño de convertirse en actor se desvanece cuando el verdadero Trotsky se aleja de Stalin y su personaje es eliminado de la película. Así, el hombre se marcha a un complejo vacacional en Alemania, frente al Mar Báltico, donde finge ser un barón y conoce a la millonaria Octavia Flambow-Jansen (Lilith Stangenberg), quien recurre constantemente a su asistente, Jakob (el debutante Alexander Herbst). Lyovischka se queda sin dinero el mismo día que se conocen y la mujer le ofrece su protección. En segundo plano y dispuestos a tener un papel más relevante en la trama, vemos a un grupo de trabajadores y granjeros que buscan el “Capital”, de Marx, para dar respuesta a unas misteriosas marcas de mordeduras de vampiros. 

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Desafortunadamente, este título descrito como una “comedia marxista de vampiros” carece de ritmo y parece más una pieza incierta y grotesca que una comedia en sí. La narración e interpretación pausadas son sus principales defectos (en este tipo de películas, el ritmo es esencial). Además, algunos personajes, como Octavia, hablan con voz monótona durante toda la película y, aunque este rasgo forme parte de su papel, termina siendo otra carga entre diálogos y juegos de palabras que no funcionan.  

Bloodsuckers presenta una estructura tripartita y la primera mitad del segundo capítulo es quizás la parte más sólida, ya que se centra en el personaje más curioso de todos, Jakob, una especie de “sirviente caballero” (no demasiado) secretamente enamorado de su jefa, pero que intenta ser profesional a pesar de luchar contra sus emociones.

La decisión de ambientar la historia en una versión “imaginaria” de 1928 —la película está plagada de gazapos temporales, como edificios modernos y billetes de Euro— puede ser una idea interesante para una comedia, pero, en este caso, no sirve a la trama y su potencial no se ha explotado al completo. El mismo principio aplica para las dualidades vampiro/víctima y comunista/capitalista, ya que ambas están poco desarrolladas y bosquejadas. En general, esta película ofrece una perspectiva confusa que puede hacer reír a los espectadores de vez en cuando, pero que, la mayor parte del tiempo, se arriesga a perder su atención por las razones ya mencionadas.

Bloodsuckers ha sido producida por Faktura Film en coproducción con WDR/Arte, The Post Republic, Maier Bros., y Ludwig Kameraverleih. La compañía con sede en ARRI Media Intl. gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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