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FIDMARSEILLE 2020

Crítica: Homelands

por 

- La directora serbia Jelena Maksimović pone el foco en el pasado, agotando a los espectadores en el intento

Crítica: Homelands
Jelena Angelovski en Homelands

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]
, de Jelena Maksimović, se estrenó en el FIDMarseille, cuya edición presencial tuvo lugar entre el 22 y el 26 de julio. El documental, dedicado a su abuela y repleto de detalles autobiográficos, expresa un deseo muy cercano: volver a casa. Las fronteras se mueven y los países cambian. Una joven que aparece en la película, Lenka (Jelena Angelovski, que también es la productora), es consciente de ello: nacida en la antigua Yugoslavia, todavía recuerda a su querida abuela, que fue obligada a abandonar su ciudad natal debido a la Guerra Civil Griega. Es un lugar al que nunca quiso volver, sólo en las historias contadas a su nieta.

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Por lo tanto, es su nieta adulta quien decide volver, pero el pueblo de montaña se ha convertido en una estación de esquí que no se parece en nada a su antepasado, con su trágica historia enterrada bajo capas de nieve y conversaciones sobre negocios. Ojos que no ven, corazón que no siente, ya que en la película de Maksimović el pasado sólo existe en las canciones viejas, el material de archivo, y quizás en la memoria de alguna persona. Pero a medida que pasan las estaciones, en lugar de mortificarse por el pasado, prefiere avanzar.

Maksimović une varios elementos: largas tomas del mundo aislado por la nieve o personas bailando después de hora, después de que los clientes se hayan ido, e historias de escaladores perdidos y luchas personales, narradas en un inglés muy acentuado y puntuado por una pantalla que se vuelve negra repetidamente, como si parpadeara. Ésta podría ser la razón por la que sus intenciones, aunque honorables, a veces son tan poco claras como la visibilidad durante una tormenta de nieve local. “Si nunca has estado allí, me resulta difícil explicártelo para que lo entiendas”, dice una persona mientras lucha con el lenguaje. Y, sin embargo, podría tener razón.

Pero  ̶y esto podría considerarse un spoiler, así que ten cuidado  ̶  todo lo que parece complejo es explicado, hasta cierto punto, en un monólogo disperso que abarca todo: desde el cambio de sistemas sociales al patriarcado y las “casas derrumbadas de dolor”. Esta vez (no hay que agradar a esos molestos críticos) se ha hecho de una forma muy literal, con declaraciones como: “Estoy aprendiendo snowboard en un centro de esquí construido sobre las ruinas de la casa de mi abuela, siento el viento en el pelo”, que descienden rápidamente a la pretensión de recuerdos traumáticos de la infancia, en un teatro “interactivo”, que regresan cuando su mensajera Angelovski empieza a caminar hacia la cámara. Es fácil comprender el amor que se transmite aquí, o el anhelo de algún tipo de raíces, de esa domovine perdida del título. Pero sentirlo es otra cosa.

Homelands ha sido dirigida por Jelena Maksimović, que también es responsable de la edición y del guión (con Olga Dimitrijević); y producida por Jelena Angelovski para la compañía serbia ENFM, que también se encarga de la distribución.

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(Traducción del inglés)

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