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PELÍCULAS / CRÍTICAS Francia / Bélgica

Crítica: Verano del 85

por 

- François Ozon revisita las pasiones románticas de la adolescencia con precisión y una gran frescura emocional en la madurez de su arte cinematográfico

Crítica: Verano del 85
Benjamin Voisin y Félix Lefebvre en Verano del 85

La exacerbación de los deseos y de los sentimientos, la intensidad en la que cada segundo adquiere dimensiones de bucle temporal, choques de emociones contradictorias, secretos compartidos y pactos, la búsqueda del otro reflejada en el amor, el coqueteo con el riesgo y la zona eléctrica donde se entremezclan Eros y Thanatos: todo en un contexto cotidiano de lo más banal, entre padres, instituto, vacaciones y planes de futuro vacilantes. La adolescencia es la edad de sumergirse en lo desconocido, de las transiciones nebulosas, de las alegrías instintivas y de los sufrimientos profundos, el tiempo del romanticismo por excelencia.

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François Ozon se sumerge en este estado palpitante y en sus perfumes evanescentes con Verano del 85 [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, que recibió la etiqueta Selección Oficial Cannes 73. La película se estrena en los cines franceses el 14 de julio y hará su presentación internacional en la 68ª edición del Festival de San Sebastián. Una cura de juventud en la “teen movie” que a priori no parece caer en errores como la nostalgia o la distorsión de la percepción dilatada del presente, pero que el director aprovecha con brillantez para firmar una obra universal, un relato que reposa sobre resortes sensoriales simples y narrado de una forma sofisticada.

“La historia de un cadáver, que conocí cuando estaba vivo, y cómo se convirtió en un  cadáver”. Estamos en Tréport, una pequeña ciudad balneario normanda con sus playas de guijarros y acantilados. Alexis (Félix Lefebvre), de 16 años, custodiado por gendarmes y luego frente a una educadora que le suplica que le explique lo ocurrido, narra los acontecimientos a través de la escritura. Entra en escena el futuro cadáver, David (Benjamin Voisin), de 18 años, que aparece de repente en el océano y salva a Alexis de morir ahogado después de un naufragio. El primero es carismático, benevolente, independiente, estimulante, temerario, un poco fiestero, amante de la velocidad sobre su moto y con una madre que le da libertad (Valeria Bruni-Tedeschi). El segundo está en plena incertidumbre, introvertido, tierno y no se siente a gusto con su familia de clase obrera (Isabelle Nanty y Laurent Fernandez). Surge un idilio apasionado, un primer amor resplandeciente para Alexis, lleno de juramentos “para la vida y para la muerte” y de latidos que parecen al unísono. Pero a David le gustan las montañas rusas y pronto comienza el “principio del fin”… 

François Ozon traslada la novela Dance on My Grave, de Aidan Chambers, a la Francia de mediados de los años 80 y le añade algunos recuerdos personales para crear una mezcla encantadora, que combina realismo y fantasía, y trabaja con habilidad el suspense a través de pistas falsas y la atmósfera mediante el Súper 16. Un montaje de orfebrería bajo el sol estival y las noches a orillas del mar, que reconstruye a la perfección las paradojas de la ligereza y de la gravedad, y los umbrales tumultuosos que atraviesa el amor adolescente, en esta especie de intoxicación (peligrosa) de la pureza del oxígeno enrarecido que ofrecen los rayos y sus nuevos territorios.

Verano del 85, producida por Mandarin Production, ha sido coproducida por Foz, France 2 Cinéma, la compañía belga Scope Pictures y por Playtime, que también gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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