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PELÍCULAS / CRÍTICAS Francia / Luxemburgo / Bélgica

Crítica: The Room

por 

- En su debut en la ficción 14 años después del largometraje de animación Renaissance, Christian Volckman firma una película de género escalofriante, emocionante y conceptual

Crítica: The Room
Olga Kurylenko y Kevin Janssens en The Room

“Lo único más peligroso que un hombre que no puede tener lo que desea es un hombre que puede tener todo lo que desea”. La existencia humana obedece a algunas leyes inmutables desde el nacimiento hasta la muerte, pero cuando surge una nueva dimensión, que amplía las fronteras de la realidad, elimina las fronteras de la naturaleza y permite satisfacer todas las necesidades, se abre un universo insondable de posibilidades y peligros. El cine fantástico siempre ha sacado partido de estos territorios prohibidos y el cineasta francés Christian Volckman se atreve con The Room [+lee también:
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, que también es su primera película de ficción y su regreso a la escena cinematográfica después de un notable primer largometraje de animación, Renaissance [+lee también:
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(ganador de Annecy en 2006), y de un paréntesis profesional dedicado a la pintura. Y como el destino del cineasta parece guiado por un sello fuera de lo común, su nueva película (en lengua inglesa), cuyo estreno en cines el 25 de marzo fue prohibido a causa de la crisis sanitaria, se ha convertido en la primera película francesa en poner en marcha los procedimientos excepcionales derogatorios para estrenarse directamente en VOD (vía Condor Distribution) el 14 de mayo.

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“Está perdido en medio de la nada”. Estamos en el norte del estado de Nueva York, cerca de Springwell. Una pareja de treintañeros enamorados, Kate (la francesa de origen ucraniano Olga Kurylenko) y Matt (el belga Kevin Janssens), acaban de mudarse a una mansión aislada. Pero en el primer piso, al final de un largo pasillo y oculta por el papel pintado, los espera una pesada puerta metálica adornada con triángulos cabalísticos. Matt (que es pintor artístico) descubre la puerta y también su llave en una montaña de muebles viejos que arroja por la ventana. El acceso secreto da paso a una habitación desnuda y al entrar en ella, todas las luces de la casa parpadean. Llaman a un electricista que admite su impotencia ante la sorprendente maraña de circuitos eléctricos que salen del sótano (“nunca había visto nada igual. Si fuese vosotros, no tocaría nada”), y que le cuenta a Matt que los antiguos propietarios de la casa fueron asesinados hace 45 años (por un desconocido que después fue internado en un psiquiátrico, como revelará más tarde una investigación en internet). Decoran la habitación y pronto se revela su naturaleza: el poder de conceder todos los deseos materiales y de hacer aparecer todos los objetos deseados. Superados los temores iniciales, Matt y Kate aprovechan este cuerno de la abundancia hasta la perdición: abundan el dinero, el champán, el caviar, las joyas, la ropa de lujo y los juegos de rol. Finalmente, Kate toma un atajo muy arriesgado al pedir un hijo (que la naturaleza le niega), antes de descubrir que ninguna creación de la habitación podrá sobrevivir a priori fuera de la casa y que todo ser vivo desea libertad…

El encanto de The Room reside en sus múltiples niveles de lectura. En primer lugar, su aspecto de thriller fantástico a puerta cerrada con todos los códigos inquietantes y palpitantes del género, y un guión con giros bien elaborados en un escenario muy sugerente grabado con un sólido sentido estético. Pero el largometraje resulta atractivo por sus capas subterráneas, a través de su retrato simbólico, psicoanalítico y metafísico del materialismo triunfante, del aislamiento de los privilegiados (los microbios están en el exterior), de la superproducción educativa, de los desacuerdos en la pareja, del poder de la imaginación, de los sueños y del deseo, con sus partes oscuras de esclavitud y de liberación. Un vals de aprendiz de brujo en lo desconocido y en las arenas movedizas de lo esotérico de la que nadie puede salir indemne.

The Room, producida por la sociedad parisina Les Films du Poisson con la belga Versus y la luxemburguesa Bidibul. Elle Driver gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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