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BERLINALE 2020 Encounters

Crítica: Gunda

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- BERLINALE 2020: La ecléctica película sin diálogos de Viktor Kossakovsky observa a los animales de granja en su indiferente rutina a través de unas exquisitas imágenes en blanco y negro

Crítica: Gunda

El cineasta ruso Viktor Kossakovsky hace películas desde la productora Kossakovsky Film Production de San Petersburgo, que tiene como objetivo crear un cine poético y realista. El dogma cinematográfico del director se centra en la creencia de que las imágenes son más poderosas que las palabras. Permanece fiel a esa filosofía en Gunda [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, un documental sin diálogos sobre animales de granja grabado en Noruega, España y Reino Unido. Este esotérico trabajo se ha proyectado en la sección Encounters del 70º Festival de Cine de Berlín.

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Desde Rebelión en la granja, de George Orwell, a la encantadora Babe y la alocada Leon the Pig Farmer, los cerdos han ocupado un lugar privilegiado a la hora de contar historias sobre la vida en una granja. En Gunda ocurre lo mismo. Como todas las películas de Kossakovsky, está muy bien grabada. Cuando el ruso empezó a hacer películas en el Leningrad Studio of Documentaries, uno de sus primeros trabajos fue como asistente de cámara. En Gunda, el director comparte la cámara con el cinematógrafo noruego Egil Haaskjold Larsen, que grabó y dirigió la monócroma historia sobre el Ártico salvaje, Where Man Returns. La decisión de grabar en blanco y negro nos informa de que la narración seguirá el estilo de los primeros años del cine, donde las imágenes contaban la historia. El espectador necesitará compromiso e imaginación si quiere descifrar la historia que cuentan las imágenes o buscar las claves que dan al documental su temática y su mensaje.

La película, que empieza con el nacimiento de unos cerditos que luchan por el pecho de su madre, muestra su crecimiento a lo largo del tiempo. Desarrollan su propia personalidad, y se hacen cada vez más independientes de su madre. El uso del primer plano es inflexible y da a los cerdos una apariencia extraña. Parecen de otro mundo. También parecen felices, pero no podemos decir lo mismo de las gallinas, que pasan la noche encerradas en su gallinero, esperando con impaciencia que salga el sol y se abra el cerrojo de la libertad. No vemos la apertura del pasador, ya que no hay humanos en la película. Existen en el mundo y vemos sus huellas en la granja, si no ¿quién conduce el tractor que trabaja los campos?

Un par de tomas bonitas de una gallina bajo un árbol, con los rayos del sol filtrándose entre las ramas, constituye una vista magnífica como telón de fondo, que parece la sabana africana y nos recuerda a El rey león (y la idea bastarda del círculo de la vida también está presente en esta película). Sin embargo, en Gunda, hay una sensación que presagia que el círculo de la vida termina en la mesa de la cena. En ningún lugar el destino parece tan inevitable como cuando vemos a las vacas saliendo libremente de su cobertizo por la mañana. La estampida en busca de la naturaleza, del aire libre, de vivir en libertad, es tan cercana como el poderoso mensaje que Gunda intenta transmitirnos. Pero lo sorprendente es que, en una época donde los documentales sobre comida de Netflix parecen decirnos que huyamos de las granjas, estos animales llegan a hacernos vivir un idilio.

Gunda es una coproducción entre Noruega y Estados Unidos, llevada a cabo por Sant & Usant Production y Louverture Films.

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(Traducción del inglés)

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