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BERLINALE 2020 Competición

Crítica: Le sel des larmes

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- BERLINALE 2020: Con su estilo característico, novelesco, sencillo y sugestivo, Philippe Garrel entrelaza el descubrimiento de las diferentes facetas del amor y de las relaciones filiales

Crítica: Le sel des larmes
Oulaya Amamra y Logann Antuofermo en Le sel des larmes

Poco importan las tendencias, la dramatización de los relatos o el frenesí de un mundo moderno multicolor: el cineasta francés Philippe Garrel continúa trazando su camino de artista purista en blanco y negro, y afinando su estudio psicológico, ligeramente alejado de los sentimientos humanos más simples y existencialistas, hasta hacer de su obra una gran novela cinematográfica.

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, que compite en la 70ª Berlinale, es un nuevo capítulo que el director esculpe con modesta perfección. La película es una construcción sutil de engranajes, de ecos y de repeticiones que analiza, en apariencia (y en tres tiempos), los inicios en el amor de un joven seductor, que se mueve en un territorio desconocido; pero también examina en profundidad los vínculos afectivos con su padre y las consecuencias de la levedad. Una inmersión en claroscuro en los perfumes evanescentes del inicio de la edad adulta donde destacan la inconstancia y la cobardía masculina.

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“Todas las puertas pueden abrirse, tu futuro está en juego”. Cuando Luc (Logann Antuofermo) llega a París para hacer el examen de ingreso a ebanistería en la escuela Boulle, una reconocida institución de artes aplicadas, es la esperanza de su padre (André Wilms), también carpintero. Pero el joven se dedica sobre todo a flirtear con Djemila (Oulaya Amamra), a quien conoce en una parada de autobús. Se abrazan, se besan pero ella no se acuesta con él y Luc vuelve a su provincia con una promesa romántica: “Nunca te olvidaré”. Sin embargo, se enreda en una doble mentira cuando Djemila va a visitarlo (en vano), ya que mantiene una relación con (Louise Chevillotte), a quien conoce de la adolescencia y que se ofrece sexualmente sin ningún complejo. ¿La ama? Nada es seguro. De todas formas, la rechaza cuando se entera de que está embarazada y regresa a París, donde ha sido admitido en la escuela Boulle. Allí, se cruzará en el camino de una tercera mujer, la enfermera Betsy (Souheila Yacoub), que lo dominará y lo hará sufrir como él hizo con Djemila y Geneviève. Todo bajo la mirada de su querido y afectuoso padre, del que Luc se aleja hasta lamentarlo…

Le Sel des larmes, un auténtico trabajo de orfebrería (perfeccionado por el guión escrito por el director, junto a Arlette Langmann y Jean-Claude Carrière, y magnificado por la fotografía de Renato Berta) y cuento moral sin juicio, contiene la savia de la vida (las citas, los besos, el baile, los abrazos) y la sombra de la muerte (el ataúd fabricado por el padre y su hijo, el relato del suicidio del abuelo, el aborto, el agotamiento de la llama de los sentimientos, las mentiras, la cobardía). “Yo no conozco a nadie aquí”, afirma Luc al principio de la película, y ese es el hilo conductor de este aprendizaje a ciegas de la vida sentimental que desarrolla Philippe Garrel, prediciendo el fracaso cuando “faltan los soportes”, ya que se ignoran o se olvidan las enseñanzas transmitidas por la generación anterior. Una bella lección depurada de cine y una púdica demostración de amor teñida de melancolía por el recuerdo de un padre, que gustará a todos los aficionados al director.

Le sel des larmes ha sido producida por Rectangle, y coproducida por Arte France Cinéma y las compañías suizas Close Up, RTS y SRG SSR. Ad Vitam la estrenará en los cines franceses el 8 de abril. Wild Bunch gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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