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IFFR 2020 Competición Bright Future

Crítica: My Mexican Bretzel

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- La debutante Nuria Giménez hechiza con este documental sobre la elaboración de las mentiras, como el efecto placebo que provoca el propio artificio cinematográfico

Crítica: My Mexican Bretzel

Nuria Giménez (Barcelona, 1976) no disimula su admiración por el trabajo y la figura de Andrés Duque (Carelia: internacional con monumento [+lee también:
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), cineasta venezolano afincado en la ciudad condal, quien le asesoró al principio de la gestación de My Mexican Breztel [+lee también:
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, su primera película, que se estrenó en la última edición del Festival Internacional de Cine de Gijón (en su sección Llendes) recibiendo el premio al mejor largometraje español del certamen y que ahora compite en el apartado Bright Future del Festival Internacional de Cine de Róterdam 2020.

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El origen del film se remonta a 2011, cuando Giménez encontró unas películas domésticas que habían rodado, a mediados del siglo pasado, sus abuelos: Ilse G. Ringier y Frank A. Lorang. A partir de aquel rico material, que mostraba a la pareja –ella, de una elegancia cercana a la de Ingrid Bergman; él, fortachón como un levanta pesas de circo– viajando por el mundo (de París a Nueva York, de Mallorca a Florencia, y en reuniones de amigos, excursiones y almuerzos), la cineasta comenzó a ingeniar una sofisticada y fascinante construcción cinematográfica: escribió un diario de un personaje ficticio, una tal Vivian Barret, que iba desgranando momentos de su existencia, inquietudes e intimidades. E ilustró esas palabras con material fílmico seleccionado entre las 50 bovinas de 16 mm de sus antepasados.

Construyó así un gran trampantojo audiovisual, sin apenas sonido, donde el espectador lee en pantalla las memorias de su protagonista, perfectamente emparejadas con lo que se ve, logrando así un efecto hipnótico logradísimo. Semejante ejercicio de fabulación y fantasía no sólo lograr retratar una vida totalmente creíble, con sus luces y sombras, sino que también aborda un asunto tan peculiar como la necesidad que tenemos de aferrarnos a algunas mentiras para escapar de lo más terrible de la existencia humana: sus incertidumbres, inseguridades y, sobre todo, su temporalidad.

El espectador es así, gracias a esta propuesta tan sugerente como atrevida, actor también de la misma, pues tiene que poner timbre vocal a las palabras que lee en pantalla e incluso sonido a esa gran parte del metraje donde apenas existe éste. El silencio que reina en la película arremete valientemente contra la tronante contaminación acústica que tiraniza el audiovisual contemporáneo y deja que frases como “Me sorprende que no estemos todo el día matándonos, o haciendo el amor”, que escribe ese personaje de ficción llamado Vivian Barrett –fascinada por el inexistente escritor Paravadin Kanvar Kharjappali, al que cita continuamente–, se queden flotando en nuestro cerebro como una verdad irrefutable más de este falso documental que retrata vívidamente un universo que nos cuesta aceptar como no auténtico.

My Mexican Bretzel es una producción de Bretzel & Tequila; esta misma compañía se encarga de sus ventas internacionales.

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