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JIHLAVA 2019

Crítica: The Circle

por 

- Los ideales utópicos son víctima de las debilidades de la naturaleza humana en el largometraje documental de la estonia Margit Lillak

Crítica: The Circle

“Había rutina y disciplina. Todas las cosas buenas”. Con estas sabias palabras, uno de los niños de la comunidad que protagoniza The Circle [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, el documental de la estonia Margit Lillak,  demuestra ser mucho más consciente y profético que los adultos que le rodean. Los miembros de este grupo persiguen un estilo de vida alternativo, pero pronto descubren que no es fácil encontrar una alternativa a la naturaleza humana. La cinta ha tenido su estreno mundial en la sección Between the Seas del Festival Internacional de Documentales de Jihlava.

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Lillak retrata la vida de esta comunidad desde su creación en 2014, cuando 12 adultos y 6 niños decidieron construir un espacio alejado de la sociedad, implantando un estilo de vida sostenible para todos los participantes. Sin embargo, a lo largo de los años, estos ideales se van erosionando. A medida que los miembros comienzan a echar en falta una estructura dentro de la comunidad, surgen enfrentamientos entre ellos para conseguir poder e influencia en el grupo. Finalmente, una relación sexual entre dos de los miembros pone fin a la armonía, así como a las esperanzas y sueños de construir un mundo mejor.

La cineasta deja claro desde el inicio que todo el proyecto está condenado al fracaso, convirtiendo la película en un relato de suspense en el que esperamos con anticipación los eventos que provocarán la desintegración del grupo. Esta expectación añade un toque de ironía a las primeras escenas, en las que asistimos a la presentación de los personajes y la construcción de la comunidad. Mientras los protagonistas hablan sobre sostenibilidad, comprensión y armonía, sabemos que muchas de sus declaraciones tendrán un sentido muy distinto a medida que avance la película.

Los espectadores más cínicos disfrutarán con los excesos de la cultura alternativa y los numerosos clichés que representan los personajes. Los autoproclamados chamanes de la comunidad bailan y promueven terapias alternativas para resolver conflictos, lo que genera algunas escenas que rozan el ridículo, donde vemos a personas gritándose directamente a la cara. No obstante, sería injusto definir la película de Lillak como una crítica ácida al movimiento. La directora muestra una gran empatía hacia los personajes, y nunca nos invita a reírnos de su difícil situación, especialmente en la segunda mitad de la película, cuando la ira y las traiciones emergen a la superficie. Por el contrario, la cinta pone el foco en el carácter trágico e inevitable de la historia: podemos escapar de las trampas de la sociedad capitalista, pero no de las fragilidades de la naturaleza humana como los celos y la ira.

Lillak consigue introducirse por completo en la comunidad, filmando momentos reveladores. Las pocas veces en que los protagonistas hablan directamente a cámara aportan otro nivel de ironía, porque a pesar de su intención de crear un espacio en el que puedan comunicarse libremente, la cámara se convierte en el único interlocutor al que pueden revelar sus verdaderos sentimientos.

Después de su estreno mundial en Jihlava, The Circle debería ser una presencia recurrente en los festivales de cine documental durante el próximo año, debido a su narración agridulce pero absolutamente convincente, así como a sus fascinantes ideas sobre las trampas de la cultura alternativa. La película también encontrará un hueco en aquellos festivales con un importante enfoque medioambiental.

La cinta ha sido producida y distribuida por la compañía estonia Allfilm.

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(Traducción del inglés)

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