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PELÍCULAS / CRÍTICAS Francia

Crítica: L’Angle mort

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- Patrick Mario Bernard y Pierre Trividic firman una película insólita, fascinante y metafórica sobre un hombre atrapado en su don de invisibilidad

Crítica: L’Angle mort
Jean-Christophe Folly en L’Angle mort

Patrick Mario Bernard y Pierre Trividic, un dúo de cineastas cautivadores y atípicos en el cine francés como ya demostraron en Dancing  (presentada en Tribeca en 2003) y L'Autre [+lee también:
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(en competición en Venecia en 2008 con el premio de interpretación femenina como broche final), no trabajan sobre el terreno de la seducción fácil, ya que prefieren atmósferas de malestar impalpable y extrañeza humana cuasi metafísicas, entre la realidad y la ficción; pero se abren paso por un vasto e inquietante mundo desconocido donde uno debe aprender a evolucionar y donde no está seguro de volverse indemne a la imagen del personaje principal de su tercer largometraje, L’Angle mort [+lee también:
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(presentada en la sección ACID de Cannes y estrenada el 16 de octubre en los cines franceses por Rouge Distribution).

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“Yo enloquecí por completo hace tiempo y sin que se note”. La película, que empieza con una fantástica secuencia de apertura en los bastidores de un concierto de afro-punk underground donde un bebé desaparece en un capacho y reaparece misteriosamente, da un salto temporal de 38 años para seguir a Dominick (Jean-Christophe Folly), un discreto administrador de stocks y expediciones en una escuela de música parisina. Pronto nos desvela su extraordinario don: puede hacerse invisible acelerando la respiración. 

Pero este talento que parecía tan mágico y natural en su infancia (como sugiere un flashback), que oculta a su pareja, Viveka (Isabelle Carré), y que sólo utiliza puntualmente para espiar a algunas mujeres (en particular, a su vecina ciega Elham, interpretada por Golshifteh Farahani), lo deja en un estado de gran vulnerabilidad (ya que debe estar desnudo para que su ropa no sea visible). Además, el riesgo de quedarse atrapado “del otro lado” es alto, puesto que el don que Dominick comparte con otros conocidos suyos (como el inquietante Richard, interpretado por le Comte de Bouderbala), suele desvariar…

La película de Patrick Mario Bernard y Pierre Trividic (que basa su guión en una idea de Emmanuel Carrère) es una mezcla entre El hombre invisible, de James Whale (1933), donde el don se convierte en una especie de maldición, y la novela homónima de Raph Ellison (1952), que trata de la situación del hombre negro (como es el caso de Dominick en L’Angle mort) en la sociedad estadounidense. La historia se sumerge en aguas turbulentas, en un clima urbano ansiogénico, donde el encarcelamiento físico y psíquico refleja tanto una huida de sus propias responsabilidades como una opresión social indescriptible, donde el deseo de abrir las puertas a la percepción y de valerse por sí mismo empeora y cuesta muy caro; donde el amor amplifica el desorden y la confusión entre verdad y mentira; donde interactúan lo que vemos, lo que no vemos y la forma en que lo vemos.

Los temas metafóricos subyacen a la definición de su identidad y de su lugar en el mundo, y una trama desconcertante (y llena de suspense) se labra un camino tortuoso en una aparente banalidad cuya opacidad es reforzada por la fotografía “pantanosa” y nocturna de Jonathan Ricquebourg. Un conjunto cuya originalidad cautivará a unos (como al autor de estas líneas) y desconcertará a otros, pero que se impondrá a todos como una obra que se sale de lo ordinario.

L’Angle mort ha sido producida por Ex Nihilo, coproducida por Les Films de Pierre, Rouge International, y vendida por Doc & Film International.

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(Traducción del francés)

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