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Crítica: Motherland

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- El primer largometraje del realizador lituano Tomas Vengris cuenta la historia de una madre que lleva a su hijo, nacido en Estados Unidos, a visitar su patria por primera vez en 1992

Crítica: Motherland

El primer largometraje del director lituano Tomas Vengris, Motherland [+lee también:
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, estrenado recientemente en la sección Flash Forward del Festival de Busan, se suma a la inagotable lista de películas iniciáticas europeas producidas en los últimos años. Sin embargo, lo que la distingue de otras es su insólito enfoque, ya que en lugar de centrarse en los personajes se apoya firmemente en la experta cinematografía de Audrius Kemežỹs.

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El protagonista de la historia es Kovas (Matas Metlevski), un joven de 12 años que viaja por primera vez a Lituania con su madre, Viktorija (Severija Janušauskaitė), tras el divorcio de sus padres en Estados Unidos. La cinta está ambientada en 1992, poco después de la caída de la Unión Soviética, y el nuevo estado independiente de Lituania acaba de empezar un proceso de privatización. Viktorija espera poder recuperar la casa familiar donde creció, y sobre la que le ha contado a su hijo hermosas historias.

Sin embargo, el cuento de hadas que Kovas se había imaginado comienza a disiparse cuando atraviesan las calles de Vilna, una ciudad industrial y gris impregnada de una atmósfera marcadamente soviética. Aún así, el niño continúa mirando a su alrededor con asombro, mientras empiezan a rodearlo miembros de su extensa familia. Con sus Rebooks, su reloj de pulsera con calculadora, su sudadera roja y su mochila llena de chicles, el joven estadounidense se convierte en el centro de atención.

Viktorija y Kovas visitan la zona rural donde se encuentra la propiedad familiar, una gran mansión en ruinas rodeada por un bosque y atravesada por un río, para descubrir que ahora está habitada por una familia rusa. Romas, (Darius Gumauskas), ex-novio de Viktorija, se ofrece a mover algunos hilos para conseguir que gente “influyente” la ayude a recuperar su hogar., aunque no de forma exactamente legal. Por otra parte, Vengris sazona el guión con referencias a la invasión soviética de Lituania, que contribuye en gran medida a la complicada situación familiar de Viktorija.

Mientras tanto, Kovas entabla una amistad un tanto incómoda con la hija de Romas, Marija (Barbora Bareikytė), y acaba envuelto en su círculo de amigos, mientras observa cómo se reaviva la llama entre su madre y su antiguo amante…

Lo que resulta especialmente sorprendente de la película es su enfoque visual, totalmente voyeurista. Las caras de los personajes se presentan a menudo enmarcadas en primerísimos planos, y Kemežỹs presta mucha atención a los detalles más pequeños, como las uñas de las manos o las manchas en la cara. De alguna forma sentimos que Kovas no pertenece a este nuevo mundo, ya que la cámara permanece fija en él, aislándolo del entorno en el que los otros personajes aparecen desenfocados.

Nunca llegamos a penetrar en el mundo interior de Kovas y Viktorija, sino que los observamos de forma casi científica, estudiando sus actos y expresiones para intentar adivinar sus pensamientos y motivaciones. Hay algo extrañamente atractivo en este enfoque, ya que aunque la historia no es particularmente emocionante o sorprendente, es casi imposible apartar la vista de la pantalla. Sin duda, las poderosas interpretaciones de todos los actores principales contribuyen a esto, destacando especialmente la de Janušauskaitė.

Vengris, que editó la película junto con Gintarė Sokelytė, también es hijo de inmigrantes lituanos en Estados Unidos. Entre sus proyectos anteriores cabe mencionar su trabajo como montador en muchas producciones de alto nivel, como la ganadora de Sundance Ya no me siento a gusto en este mundo, una experiencia que se hace especialmente evidente en las conexiones casi oníricas entre sus escenas.

Motherland es una coproducción entre la lituana Studio Uljana Kim, la letona Locomotive Productions, la alemana Heimat Hafen Films y la griega Faliro House. Las ventas internacionales corren a cargo de la parisina Alpha Violet.

(Traducción del inglés)

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