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SAN SEBASTIÁN 2019 Competición

Crítica: La hija de un ladrón

por 

- Belén Funes atrapa a la audiencia con su epidérmico acercamiento al presente de una madre joven, que debe lidiar con su soledad, con un padre conflictivo y con sus carencias afectivas

Crítica: La hija de un ladrón
Greta Fernández en La hija de un ladrón

El caso Belén Funes constituiría un excelente material para analizar los mecanismos que se ponen en funcionamiento para construir ese concepto intangible, pero bastante presente en nuestros días, llamado expectación. Apadrinada desde su primer cortometraje por Isabel Coixet, aplaudida con el segundo por los festivales especializados, ya desde la gestación de su primer largometraje empezó a hablarse de él con un entusiasmo poco habitual en el cine español: una joven cineasta catalana –semidesconocida- estaba en el foco de medios, certámenes y cinéfilos. Por fin, se ha podido ver, dentro de la Sección Oficial a concurso del 67º Festival Internacional de Cine de San Sebastián el ansiado film de esta inteligente, sensible e inquieta directora y, sin defraudar los pronósticos, se ha situado en cabeza de las quinielas para recibir este sábado, en la ceremonia de clausura, uno o varios premios. Pero… ¿realmente merece tantos vítores La hija de un ladrón [+lee también:
tráiler
entrevista: Belén Funes
ficha del filme
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Su argumento –escrito por la directora junto a Marçal Cebrián- es sencillo y breve: Sara, en la veintena temprana, tiene un bebé y comparte hogar con otra madre, en un piso cedido por los servicios sociales. Busca empleo sin cesar, trabaja en todo lo que puede e intenta resucitar la relación con el padre de su hijo. Al tiempo, quiere hacerse cargo de su hermano pequeño, ingresado en un centro escolar. Un día se encuentra a su padre y su primera reacción es salir corriendo: porque entre ellos no hay buena sintonía ni, parece, mucho afecto.

Sobre estas circunstancias, Belén Funes ha levantado una película que, a base de detalles y pinceladas va construyendo la realidad de una mujer luchadora que debe lidiar no sólo con la precariedad laboral en una Barcelona de extrarradio, sino también con un pasado familiar tóxico que le pesa como un lastre: la figura de un progenitor con turbio pasado ejercerá una nueva y gran tensión sobre Sara, quien no desea tener contacto con un hombre que parece haberle hecho daño.

Funes apuesta todas las fichas de su película a la sugerencia, al naturalismo y al fuera de campo. El espectador nunca descubrirá qué sucedió antes, en la infancia de la protagonista, ni sabrá a ciencia cierta por qué ese padre resulta tan poco beneficioso tanto para ella como para su otro hijo. Pero no es fácil romper vínculos de sangre, porque -como afirma Sara- “No puedo olvidarme de él: lo llevo en la cara”.

La cámara en La hija de un ladrón se pega como una lapa a su protagonista y no se separa de ella ni en momentos cotidianos e íntimos, como la higiene corporal o la alimentación diaria, logrando que el espectador acompañe –y la comprenda- de cerca a una mujer desesperada por mitigar su soledad, recuperar el amor, evitar repetir los errores de su progenitor y no desfallecer en su huida constante, en un mundo que le exige demasiado. Y todo eso lo logra transmitir Funes, con contención y sin excesos melodramáticos, como una aventajada admiradora de los hermanos Dardenne. El público de San Sebastián ha aplaudido esta propuesta, ahora sólo falta comprobar si lo hará también el jurado que preside Neil Jordan.

La hija de un ladrón es una producción de Oberon Cinematográfica y Bteam Prods, que ha contado con la colaboración de Movistar+, RTVE, TV3, ICAA e ICEC. Además, el proyecto formó parte del TIFF Talent Lab (Laboratorio de creadores del Festival de Toronto) y cuenta con el apoyo de ARRI ISP. De su distribución se encarga Bteam Pictures, que la estrenará en España el próximo 29 de noviembre. Latido Films gestiona sus ventas.

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