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TORONTO 2019 Discovery

Crítica: Disco

por 

- La noruega Jorunn Myklebust Syversen encuentra su dancing queen cristiana en su segundo largometraje

Crítica: Disco
Josefine Frida Pettersen en Disco

Aunque en absoluto estamos ante la primera cinta en navegar las oscuras aguas de las sectas y comunidades religiosas, Disco [+lee también:
tráiler
entrevista: Jorunn Myklebust Syversen
ficha del filme
]
logra sorprender, en gran parte porque el mundo en que se ambienta está a kilómetros de distancia del que solemos asociar al extremismo. En este caso, la secta no es producto de la ignorancia o la falta de perspectivas, para nada. Presentada en la sección Discovery del Festival Internacional de Cine de Toronto antes de competir en la New Directors del Festival de San Sebastián, la película de Jorunn Myklebust Syversen sigue los pasos de un grupo de noruegos encantadores que hablan sobre las enseñanzas de Jesús en interiores salidos directamente de Elle Decor. Tienen riqueza y educación, pero están completamente perdidos, sobre todo adolescente y campeona de baile Mirjam (Josefine Frida Pettersen).

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Con una melena rubia impecable y una mirada inocente, Pettersen ha dado el salto al largo desde la serie web y fenómeno mundial Skam. Su Mirjam no parece una víctima, sino una abeja reina, en la cúspide de la jerarquía del instituto, lo cual solo hace más satisfactoria su creciente confusión. Su tío es pastor, y su padrastro encabeza su propia congregación evangélica y “moderna”, llamada —muy irónicamente— La Libertad, donde ella también es la artista estrella; Mirjam está rodeada de espiritualidad por todas partes, no tiene cómo escapar. Cuando empieza a fallar en sus competiciones, como el espectáculo debe continuar, el veredicto estará claro: su fe no es lo bastante fuerte.

Sería fácil enfadarse ante la incapacidad de Mirjam para huir de estos ambientes ciertamente inquietantes, en los que las cafeterías parroquiales y los vecinos parecen salidos de Los chicos del maíz. Pero esto es precisamente lo que se le da extraordinariamente bien a Jorunn Myklebust Syversen: al mostrar la profundidad de estos vínculos, muestra con claridad que abandonar uno de ellos supone acabar con todo el sistema de apoyo. Y esto no solo vale para sectas aisladas en medio de la nada, sino también para familias normales, que animan a sus hijos a pasarlo bien con Jesús. En este sentido, Disco resulta muy actual, pues se nutre directamente de la reciente avalancha de artículos que describen a famosos de primera línea que acuden en masa a “iglesias libres” y a una nueva clase de predicadores guais que siempre van a la última, adoradores de Dios y de Gucci. Cuando hasta Kanye West decide celebrar su propio servicio dominical, sabes que algo está pasando.

Pero a pesar de todo este brillo Instagram-génico —y Disco tiene bastante purpurina, lentejuela y diamante falso como para competir con el último biopic de Elton John—, hay algo turbio que mancha el purísimo exterior de la cinta. Una oscuridad, además de dolor real y crudo, que la Mirjam de Pettersen intenta esconder, como haría cualquier buena chica, hasta que su adiestrado cuerpo no puede soportarlo más. Al final, el tema global del excelente y verdaderamente perturbador segundo largo de Syversen es nuestra consabida incapacidad para comunicarnos, algo en lo que los humanos parecemos simplemente insuperables. ¿Y Dios? Dios no tiene nada que ver con ello.

Disco es una producción de Maria Ekerhovd para Mer Film, que también se ocupa de la distribución. Las ventas internacionales están a cargo de New Europe Film Sales.

(Traducción del inglés)

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