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TORONTO 2019 Special Presentations

Crítica: Hope Gap

por 

- A pesar de contar con buenas interpretaciones, la refrescante película de William Nicholson sobre la ruptura de un matrimonio de edad avanzada resulta forzada

Crítica: Hope Gap
Bill Nighy en Hope Gap

Un matrimonio que se rompe después de 33 años es un acontecimiento triste que sólo puede ser superado por uno que se rompe tras 45 años [+lee también:
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. La dura realidad que supone encontrarse solo a una edad en la que es complicado conocer gente nueva es aterradora: las implicaciones que crea la separación son insoportables. Pero en lugar de centrarse en el impacto del acontecimiento o en mortificarse por la tristeza, el reconocido guionista y director británico William Nicholson elige tratar la ruptura girando en torno a ella hasta que haya pasado suficiente tiempo para verla desde una perspectiva más razonable.

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Al principio de Hope Gap [+lee también:
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, presentada en la sección Special Presentations del Festival Internacional de Cine de Toronto, Edward (Bill Nighy) y Grace (Annette Bening) parecen la típica pareja de ancianos británicos. Ella tiene una actitud excéntrica: recita poesía o habla de cualquier cosa que pasa por su mente. Él es tranquilo, prepara el té y siempre está encantado de hacer lo que ella proponga.

Excepto cuando ella quiere que él tenga una opinión real. Que contraataque y sea más que su sirviente o su mascota. La imagen de una pareja discutiendo amistosamente se convierte en un fuerte enfrentamiento unidireccional que destroza nuestras precepciones sobre estas dos personas. El resto de la película continúa este trabajo de excavar bajo 33 años de conjeturas y expectativas las verdaderas caras de Edward y Grace. Lo descubrimos mejor en sus conversaciones cara a cara con su hijo adulto, Jamie (Josh O'Connor).

Jamie, que vive en Londres y tiene “su propia vida”, pronto empieza a hacer viajes regulares a ciudad natal, Seaford, para hablar con sus padres. Cuando su padre le dice que va a dejar a su madre por otra mujer, Jamie se siente sorprendido pero no triste. Es inusual y refrescante ver un cambio de vida tan drástico tratado con tanto pragmatismo: Jamie está más preocupado por la felicidad individual de sus padres que por la suya cuando están juntos. Esto puede ser porque, como adulto, Jamie ha dejado de percibir a sus padres como una entidad individual. 

También puede deberse a que mamá y papá, francamente, se han quedado sin tiempo. A través de las conversaciones entre padre e hijo, descubrimos que la decisión repentina de Edward no fue tan repentina: él ha sido infeliz durante mucho tiempo y no quiere seguir así. Hay tantas hipótesis en la película que los temas se exploran de manera muy breve (y repetitiva) en escenas de conversaciones forzadas, donde el diálogo requiere nuestra atención plena. Las actuaciones sensibles y agradables del reparto (Bill Nighy es muy sutil)  salvan una película que a veces resulta oblicua y repetitiva. Hope Gap, que intenta no ser simplista en el diagnóstico de los personajes, termina siendo una película deforme y monótona; con muy pocos momentos de claro progreso narrativo. La inserción de poemas, vía Grace, subraya la construcción forzada de la narrativa y el abismo entre la ambición de la película y la realidad de su ejecución.

Hope Gap ha sido producida por las compañías británicas Origin Pictures y Protagonist Pictures, con el apoyo de Screen Yorkshire. Protagonist Pictures gestiona las ventas.

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(Traducción del inglés)

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