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VENECIA 2019 Giornate degli Autori

Crítica: Un divan à Tunis

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- VENECIA 2019: La primera película de Manele Labidi es una comedia sobre la vida en Túnez tras la caída del presidente Ben Ali en 2011

Crítica: Un divan à Tunis
Golshifteh Farahani en Un divan à Tunis

Las películas sobre los meses posteriores a la Primavera Árabe suelen contener altas dosis de realismo social. Dicho esto, sorprende que la primera película de Manele Labidi,  Un divan à Tunis [+lee también:
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, sea una comedia ambientada en este momento crucial de la historia de Túnez. La película se proyecta en el marco de la Giornate degli Autori del Festival de Cine de Venecia, antes de cruzar el Atlántico para presentarse en la sección Contemporary World Cinema del Festival de Cine Internacional de Toronto.  

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La acción se desarrolla en Túnez tras la caída del dictador Zine El Abidine Ben Ali. El cambio de régimen ha animado a Selma (Golshifteh Farahani) a volver a su hogar tras una década viviendo en París, donde ha trabajado como psicoterapeuta.

Selma quiere ejercer su profesión en Túnez para ayudar a los ciudadanos a gestionar el estrés de los cambios culturales y sociales que se han producido en país. En su equipaje hay una fotografía de Sigmund Freud con un fez. Sin embargo, a las personas les preocupa más el hecho de que Selma no esté casada.

Selma se enfrenta a la burocracia para poder ejercer su profesión, ya que no tiene la licencia correcta. Parece que la terapeuta es el personaje que más necesita una terapia, sobre todo en lo que concierne a tener una doble identidad. ¿Es tunecina y francesa o es una francesa de ascendencia tunecina? Esta confusión sobre su estatus la lleva al cambio de código y a intentar comprender los comportamientos que ahora se esperan de ella. Labaki muestra comprensión hacia este tema pero su tono ligero le impide sumergirse en esta interesante faceta de la película.

La situación de Selma se complica todavía más debido a las intenciones amorosas de un policía, Naim (Majd Mastoura, que obtuvo el premio a Mejor actor en la Berlinale 2016 por Hedi [+lee también:
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). La escena donde Naim conoce a Selma es típica de la comedia surrealista y las críticas sutiles al gobierno están presentes en las mejores escenas de la película. En un arcén, Selma tiene que soplar en la cara de Naim porque el alcoholímetro está roto y los recortes de presupuesto han impedido su reparación.

Lo interesante de la película es la interpretación sutil Farahani, que expresa el desconcierto que reinante en aquel momento, en un país donde la transición a la democracia fue más tranquila en comparación con sus vecinos.

La historia de la reintegración de Selma es compensada por los comentarios de sus pacientes, la mayoría mujeres, que visitan la nueva consulta. Un gag recurrente es el del hombre que las acompaña y al que siempre se le dice que se calle o se le deja ir. La película pretende describir la situación de Túnez desde una perspectiva femenina. Es un buen recurso que muchas de las preocupaciones de las mujeres tengan que ver con la cosmética: las mujeres están más preocupadas por su vida cotidiana que por lo que suceda a un nivel más general. Pero la comedia no siempre funciona y algunos de los personajes recurrentes parecen salidos de una telenovela árabe. Como consecuencia, la crítica no se hace a la mentalidad de los personajes, sino a la inconsistencia de la película y a sus caricaturas.

Un divan à Tunis ha sido producida por Jean-Christophe Reymond, de Kazak Productions, con el apoyo de Diaphana, mk2 (que también gestiona las ventas internacionales), ARTE France Cinéma, Canal+ y OCS.

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(Traducción del inglés)

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