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VENECIA 2019 Orizzonti

Crítica: The Criminal Man

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- VENECIA 2019: El segundo largometraje del georgiano Dmitry Mamuliya es un excelente thriller psicológico sobre la génesis del Mal en la mente de un asesino en serie

Crítica: The Criminal Man
Giorgi Petriashvili y Madona Chachkhiani en The Criminal Man

Tras debutar con el drama Another Sky, el cineasta georgiano Dmitry Mamuliya presentó The Criminal Man [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
en la competición Orizzonti de la 76ª edición del Festival de Venecia. Su segundo largometraje es un prodigioso thriller psicológico sobre la genealogía de un asesino en serie, narrado desde el punto de vista de éste.

La película arranca en el interior del vehículo donde se encuentra el futuro criminal. Giorgi Mekshi (George Petriashvili), un joven ingeniero introvertido de veintiocho años, halla el cadáver de un célebre portero de un equipo nacional (Nukri Revishvili), abandonado en la carretera. El chico decide no contar a su familia –su hermana (Madona Chachkhiani) y su hija– su descubrimiento accidental, como si se tratara de su propio secreto. Sin embargo, al llegar a casa y encender el televisor, Giorgi ve que la noticia está siendo emitida en todas las cadenas locales. La prensa le ha robado su hallazgo. Los periodistas han compartido con el resto del país el acontecimiento más importante que ha transcurrido en su existencia gris y vacía. Pero Giorgi no se dará por vencido. Al verse a sí mismo como el primer testigo del crimen, el protagonista cree que puede desenmascarar al asesino, sin la ayuda de la policía.

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The Criminal Man pone en escena la evolución del vínculo emocional enfermizo que posee el protagonista con el cadáver del futbolista. La primera parte de la película se presenta como un thriller detectivesco. Día tras día, el ingeniero recopila pistas, comportándose cual investigador amateur: Giorgi regresa a la escena del crimen, e, incluso, sigue de cerca a la viuda y a su hija. Hasta que su obsesión por resolver el caso le llevará a cruzar las fronteras de la ética. Y, así, para averiguar quién es la persona a la que está buscando, debe empezar a actuar como ella. Es decir, debe aprender a matar.

En el segundo acto de este film dostoievskiano, Dmitry Mamuliya revela el quid de la película: la génesis del Mal en el alma de un hombre infeliz. La atmósfera fría y malsana que envuelve al protagonista (conseguida con la prodigiosa fotografía de Anton Gromov y Alisher Khaidkhodzhaev), el ritmo pausado de la película, así como la escasez de diálogos, especialmente en este último acto, aportan una mayor sensación de subjetividad, permitiendo que el espectador viaje al interior de la mente de ese nuevo asesino en serie.

The Criminal Man ha sido producida por la compañía georgiana Milimeter Film y la rusa Kinokult Producer’s Center.

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