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KARLOVY VARY 2019 East of the West

Crítica: Silent Days

por 

- Pavol Pekarčík firma la más cálida docuficción eslovaca hasta la fecha sobre la población romaní, uno de los temas imprescindibles del cine moderno del país

Crítica: Silent Days
Roman, Kristian y Karmen en Silent Days

Pavol Pekarčík es uno de los artistas clave que están desarrollando el nuevo cine eslovaco, especialmente las formas híbridas por las que se ha caracterizado en los últimos años. Antes de su primer largo como uno de los codirectores de Velvet Terrorists [+lee también:
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, trabajó como primer ayudante de dirección en el film de Martin Šulík Gypsy [+lee también:
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, así como en Made in Ash [+lee también:
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, de Iveta Grófová; ambos son dramas de docuficción que abordan la numerosa minoría romaní del país.

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Ahora, Pekarčík presenta su nueva cinta, Silent Days [+lee también:
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, que quizás es la más lograda y sin duda la más cálida de las representaciones de esta comunidad —que en el mejor de los casos está marginalizada, y en el peor, oprimida—, en la sección East of the West del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary.

La narración está fragmentada en cuatro historias sobre niños romaníes con problemas de audición. Cada capítulo lleva el nombre de un protagonista, y en el primero, Sandra, una chica de 12 años, es una gran seguidora de Ronaldinho, entrena como futbolista y sueña con conocer a su ídolo. Vive con su familia en condiciones penosas, como prácticamente todos los personajes de la película.

A Marian, el protagonista mucho más joven de la segunda historia, le gusta mirar los trenes en la estación local, además de ver una y otra vez Contacto sangriento, la cinta revelación de su ídolo, Jean-Claude Van Damme. Casualmente, la antigua estrella de las artes marciales está a punto de visitar una ciudad cercana; es adorable ver al chico practicar las técnicas de la película delante de un cartel que anuncia su llegada.

En la tercera historia, Alena y Rene son adolescentes enamorados, y cuando ella se queda embarazada, se preguntan si también el hijo será sordo. Esta preocupación no implica que ella deje de fumar durante el embarazo, y algunas conversaciones que mantiene con su mejor amiga, que está preocupada, son desternillantes, al igual que sus interacciones con sus familiares.

Finalmente, Roman, Kristian y Karmen se dedican a ayudar a sus padres a construir un aseo de verdad junto a su destartalada cabaña, en las afueras de una ciudad. En esta parte, les vemos recolectar chatarra de hierro y otros materiales, con el telón de fondo posindustrial de edificios sin terminar y fábricas abandonadas.

Pekarčík ha elegido un enfoque que tiene más en común con la fotografía y la pintura que con el cine, pero gracias a la autenticidad de las ambientaciones y personajes, el resultado es una obra decididamente cinematográfica. La cinta consiste íntegramente en planos de cámara fija, meticulosamente compuestos con el uso frecuente de la simetría y montados con una técnica básica de fundidos. Y debido a la naturaleza del tema, este formato riguroso tiene un eficaz contraste en el contenido de cada plano: los interiores desordenados con muros agrietados, los patios cubiertos de suciedad, llenos de basura, y los exteriores ruinosos de las casas de madera.

Dentro de estos planos, los protagonistas llevan a cabo sus actividades diarias, pero como la película se presenta como docuficción, cabe esperar que algunos de los hilos narrativos que hacen avanzar la trama deben ser al menos parcialmente ficticios. Sin embargo, toda la película da una impresión auténtica, y al espectador le resulta fácil sentir empatía por los héroes. Pekarčík pasó mucho tiempo entre las comunidades romaníes, tanto trabajando con otros directores como preparando esta película, y esto se nota en la calidez sin reservas de su enfoque.

Silent Days es una coproducción de las compañías eslovacas Partizanfilm y Kaleidoscope, así como la checa Školfilm, con la participación de Radio and Television of Slovakia.

(Traducción del inglés)

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