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EDIMBURGO 2019

Crítica: Samurai Marathon

por 

- Bernard Rose firma una película de samuráis muy estética que satisface a pesar de sus fallos

Crítica: Samurai Marathon
Takeru Satoh en Samurai Marathon

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, del guionista y director Bernard Rose (Candyman, ivansxtc) tuvo su estreno europeo en el Festival Internacional de Cine de Edimburgo; el film se estrenó mundialmente en Japón el pasado mes de febrero. Inspirada en hechos reales, la trama se desarrolla en 1855, cuando los "barcos negros" estadounidenses llegaron a las orillas de Japón. Katuakira Itakura (Hiroki Hasegawa), el señor feudal de Annaka, organiza una carrera de 58 kilómetros para entrenar y poner a prueba a sus samuráis, que tras un largo periodo de paz, se han convertido en guerreros "débiles e indisciplinados". Aunque la carrera no comienza hasta la mitad de la película, sirve de marco para este drama lleno de ironía que va cociéndose a fuego lento.

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Uno de los samuráis, Jinna Karasawa (Takeru Satoh), tiene un secreto: es un espía del sogún, como lo fueron varias generaciones pasadas de su familia. Cuando el señor invoca de forma tan repentina a sus samuráis, Jinnai entiende que hay una rebelión. Le envía al sogún una carta, informando de que se avecina un ataque. Cuando Jinnai se da cuenta de su error —no hay ninguna rebelión, solo un entrenamiento—, es demasiado tarde: la carta está de camino, y solo es cuestión de tiempo para que lleguen a Annaka los asesinos del sogún.

Las escenas de acción suceden en un momento más tardío de la película, lo que quiere decir que durante la mayor parte del metraje, la violencia no es lo principal. Pero cuando aparecen las escenas de lucha, están bien montadas y coreografiadas, y la letalidad de las hojas está muy presente.

Al público se le brinda momentos de alivio cómico que alternan con las secciones más oscuras del relato. Los personajes con la función de soportar el lado más ligero de la historia son un dúo de corredores compuesto por el guardia retirado del señor y el hijo de un samurái enfermo que quiere demostrarse merecedor de la honra de su padre. Aunque son una pareja encantadora, las bromas no siempre aciertan, y pueden dar la impresión de estar un poco forzadas. En cambio, las partes más sutiles en las que vemos a esta pareja de samuráis jóvenes y en baja forma intentando terminar la carrera tienen gracia de forma natural.

La bellísima fotografía de Takuro Ishizaka (Manhunt, God of War) es todo un banquete para los sentidos. Los hermosos planos de campos llenos de flores y los bosques establecen una inquietante simbiosis con los momentos de violencia, que quedan realzados por la belleza de los espacios. Las escenas interiores destacan por el empleo magistral de la luz, sobre todo en las escenas nocturnas, en las que el calor lumínico crea una atmósfera atractiva y radiante.

Samurai Marathon no es perfecta. Tarda un rato en coger carrerilla, y el final está demasiado bien atado, es demasiado ordenado y fácil. No obstante, el film consigue combinar las carreras de larga distancia con la acción y los giros narrativos de una forma que se puede disfrutar. No mantiene al espectador al borde del asiento, eso desde luego, pero logra su cometido de ser entretenida y estética.

Samurai Marathon es una producción de las compañías japonesas Sedic International y Sedic Deux, junto con la londinense Recorded Picture Company (RPC). La distribución y las ventas mundiales están a cargo de HanWay Films.

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(Traducción del inglés)

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