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ART FILM FEST 2019

Crítica: Punk Never Ends!

por 

- La docu-ficción de Juraj Šlauka es una mirada dura y fascinante al desconocido mundo del punk en la Eslovaquia rural que arriesga poco con la historia

Crítica: Punk Never Ends!
Pavol Kovačovský en Punk Never Ends!

En su primer largometraje, el director eslovaco Juraj Šlauka presenta al espectador un mundo que tal vez conozca pero que prefiere ignorar. En Punk Never Ends! [+lee también:
tráiler
entrevista: Juraj Šlauka
ficha del filme
]
, proyectada en la sección Slovak Season del Art Film Fest de Košice, Šlauka combina ficción y realismo documental para retratar la oscura realidad de un grupo de punks de los suburbios del oeste de Eslovaquia. El resultado final no abre nuevas perspectivas pero es un viaje fascinante por un mundo completamente desconocido.

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Šlauka construye su ficción con actores no profesionales y músicos reales de la escena punk de la región de Záhorie. Su propia historia personal, ligada a ese mundo, se hace patente en esta tranquila mirada, y en su narración y dirección. El argumento fue desarrollado por el director y los propios punks, que inicialmente se acercaron a Šlauka para grabar una película sobre ellos. Como resultado, los momentos de drama son pocos, y las inversiones y motivaciones son bajas, pero la atmósfera transmite un aire de autenticidad y crudeza.

En su debut como actor, Pavol Kovačovský interpreta a Kwičko, un drogadicto de 30 años que se opone con vehemencia al sistema sin una causa aparente y que vive en un apartamento destartalado con su novia y su hijo de dos años. Su vida consiste en vender chatarra en un desguace, emborracharse y consumir drogas de forma ocasional. Como carece de un salario mínimo para pagar el alquiler, se enfrenta continuamente a las amenazas de su casera, que quiere desahuciar a la familia. Kwičko decide trazar un plan que lo llevará al límite.

Šlauka consigue crear un mundo que parece real en cada fotograma y en cada rostro que aparece. Con este buen balance entre ambos géneros cuesta distinguir dónde termina el documental y dónde empieza la ficción. Esto ocurre en parte con los actores no profesionales, que interpretan versiones ficticias de sí mismos, consumen drogas reales y aparecen ebrios en pantalla. Hasta el niño tiene una conexión familiar real con Kovačovský. El crudo y sencillo trabajo de cámara del director de fotografía Ivo Miko da al metraje una sensación de urgencia e inmediatez, con una cámara manual que flota dentro y fuera del foco.

Pero no sólo los personajes aportan singularidad a la película. El microcosmos donde se desarrolla la historia añade un aire misterioso. Šlauka trabaja en un escenario omnipresente, algo casi imperceptible desde fuera. La historia se desarrolla en los destartalados apartamentos que habitan los personajes, donde la suciedad casi puede olerse a través de la pantalla. La repulsión que generan los interiores es compensada por las escenas exteriores, con edificios derrumbados y cubiertos de grafitis en una zona abandonada (pero con encanto) de la periferia.

El producto final opta por ser auténtico y tener un argumento claro, con mensajes, pensamientos o ideas que no resultan provocativos pero que combinan esta fiesta para la vista con una mirada a una sociedad olvidada. Šlauka ha elaborado una pequeña joya que merece nuestro tiempo.

Punk Never Ends! es una coproducción entre Eslovaquia y la República Checa, llevada a cabo por Punkchart Films, i/o post, FTF VŠMU, Filmpark, Admiral Films y kaleidoscope. Asociácia slovenských filmových klubov se encarga de la distribución.

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(Traducción del inglés)

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