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CANNES 2019 Semana de la Crítica

Crítica: Vivarium

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- CANNES 2019: La nueva película de Lorcan Finnegan es un acercamiento bien ejecutado a la vida familiar suburbana

Crítica: Vivarium
Jesse Eisenberg y Imogen Poots en Vivarium

Los pájaros cuco son una especie de parásito que confía en otros para criar a sus polluelos. Entre los insectos y los bagres se dan comportamientos similares. Este parásito manipula a un anfitrión de la misma o de otra especie para convencerlo de que criará a sus polluelos como si fuesen suyos. El anfitrión se tranquiliza temporalmente, aunque a veces sufre daños significativos a varios niveles.

Esto aparece en la primera escena de Vivarium [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, la aportación de Lorcan Finnegan (Without Name [+lee también:
tráiler
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) a la Semana de la Crítica del Festival de Cine de Cannes. Dos polluelos aparecen muertos bajo un árbol del patio de la escuela infantil donde trabaja Gemma (Imogen Poots). “¿Por qué tuvieron que morir?”, pregunta una de las niñas. “Es la naturaleza”, responde Gemma, porque es lo que suele ocurrir con algunos pájaros, insectos o bagres (y, como veremos en este retorcido fragmento de vida familiar, también puede ocurrirle a algunos humanos o criaturas con apariencia humana).

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Gemma, la profesora de educación infantil, y su novio Tom, empleado de mantenimiento, están buscando una casa por un precio razonable donde formar una familia. Pasan por una inmobiliaria que anuncia unas extrañas viviendas suburbanas al estilo de Tim Burton o David Lynch. El propio agente, Martin, se parece un poco a David Byrne a punto de cantar: “¡Y quizás vivas en una bonita casa!”. Irónicamente, Gemma y Tom acuerdan ir a verlas.

Siguen al coche de Martin hasta una promoción urbanística llamada Yonder y ven un cartel con el lema “Tan lejos, tan cerca”, acompañado de la imagen de una feliz pareja y sus adorables hijos. A continuación, aparecen varias filas de casas de muñecas idénticas y de color verde bajo un cielo de nubes que parecen sacadas de un cuadro de Magritte (los efectos visuales están muy bien ejecutados). Un tour por la casa 9 confirma su aspecto de The Twilight Zone, incluido el cuarto del bebé (¿pintado de azul?). Gemma y Tom declinan educadamente la oferta de Martin de vino espumoso y fresas, y salen de la casa. 

Martin desaparece y, aunque Tom y Gemma intentan irse, siempre acaban frente a la casa número 9. Se quedan sin gasolina y se refugian dentro. A la mañana siguiente, encuentran una caja con comida liofilizada. Más tarde, llega otra caja (siempre de forma misteriosa) con un mensaje: “Alimenta al niño y será liberado”. Dentro hay un bebé.

El niño crece a una velocidad alarmante (a los dos meses aparenta siete) y se parece más a Martin que a un ser humano. Pide comida a gritos e imita las voces de Gemma y Tom con una precisión escalofriante. Su pasatiempo favorito es ver extraños patrones de células en la TV. Gemma y Tom, una pareja involuntaria y no muy feliz, están atrapados con su horrendo hijo.

Vivarium (que hace referencia a un área cercada donde se cultivan plantas o se crían animales) sigue con habilidad los pasos de otras historias inesperadas, desde la clásica Twilight Zone a la reciente serie de Netflix Black Mirror, con elementos de Roald Dahl, Ray Bradbury y David Cronenberg. Aunque la película también funcionaría como un capítulo de una serie de televisión, los efectos visuales brillan en la gran pantalla. El reparto es pequeño pero muy bueno (en particular, las diferentes etapas del niño “cuco”, que crecerá contigo).

Vivarium ha sido producida por la compañía irlandesa Fantastic Films, en coproducción con la belga Frakas Productions y la danesa Ping Pong Film. US firm XYZ Films gestiona los derechos internacionales.

(Traducción del inglés)

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