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CANNES 2019 Quincena de los Realizadores

Crítica: Canción sin nombre

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- CANNES 2019: La cinta con toques de cine negro de Melina León cuenta la historia de una madre que busca a su hijo secuestrado en el Perú de los años 80

Crítica: Canción sin nombre
Pamela Mendoza en Canción sin nombre

Perú, 1988. Los créditos iniciales de Canción sin nombre [+lee también:
tráiler
ficha del filme
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de Melina León, que debuta en la Quincena de los Realizadores de Cannes, muestran titulares de periódicos que advierten del conflicto político, de una economía fuera de control y de la creciente amenaza marxista del violento grupo Sendero Luminoso. Este capítulo oscuro de la historia de Perú está de actualidad debido a la muerte del ex presidente Alan García Pérez, que se suicidó de un disparo cuando la policía iba a arrestarlo por casos de corrupción que tuvieron lugar durante su segundo gobierno, de 2006 a 2011. 

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Esta película forma parte de una oleada de películas latinoamericanas que revisan las dictaduras recientes, donde los artistas intentan luchar contra los abusos de poder cometidos por las autoridades y la desaparición de ciudadanos en todo el continente. Canción sin nombre es una de las más elípticas y con más estilo del grupo, aunque a veces es algo imprecisa, por lo que conviene conocer un poco la historia de Perú antes de verla.

La protagonista es una mujer embarazada llamada Georgina Condori (una excelente Pamela Mendoza), una joven indígena de los Andes que acaba de mudarse a Lima con su marido, Leo (Lucio Rojas). Ambos llegan a una clínica que les ofrece asistencia médica gratuita en el parto; una oferta demasiado buena para ser real. Su hijo recién nacido es secuestrado y la película se centra en los intentos de Georgina por recuperarlo. El problema es que las autoridades no muestran interés y parecen ser cómplices de la actividad criminal.

Su búsqueda la lleva hasta la única persona que intenta ayudarla: Pedro Campos, un periodista discreto e inconformista que inicia una investigación. Se sugiere que Campos siente afinidad por los forasteros porque él también lleva una doble vida que, si sale a la luz, lo obligará a enfrentarse a la ira de las autoridades.

La película está dedicada a Ismael León, el padre de la directora, que en 1981 fundó uno de los periódicos más importantes del país, La República, que publicó el primer titular sobre el tráfico de niños y participó en la investigación que reveló la historia de los niños vendidos a parejas estadounidenses y europeas. La película sigue la tradición de películas estadounidenses como Spotlight o Todos los hombres del presidente, que muestran cómo el periodismo puede ayudar a combatir la corrupción del gobierno.

El cinematógrafo Inti Briones ha grabado la película en blanco y negro, y en formato 4:3, una elección de la directora para reflejar tanto la televisión como los periódicos de la época. La estética también da a la película un aspecto de cine negro que encaja con las investigaciones kafkianas, que acaban en muerte o en largos y sinuosos caminos hacia ninguna parte. Es una película sobre lo difícil que es superar los obstáculos de la burocracia cuando eres pobre y no tienes derecho al voto. Como en muchas películas de cine negro, no todo tiene sentido, ya que muestra el mundo y lo que ocurre en él, en lugar de contar la historia en clave periodística. Es un debut maravilloso y una fuerte candidata a la Cámara de Oro.

Canción sin nombre ha sido producida por la compañía peruana La Vida Misma Films. Ha sido coproducida por La Mula Producciones (Perú), MGC (España) y Bord Cadre Films (Suiza). La estadounidense Torch Films ejerce como productora asociada. Luxbox gestiona los derechos internacionales. 

(Traducción del inglés)

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