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CANNES 2019 Quincena de los Realizadores

Crítica: Le Daim

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- CANNES 2019: Quentin Dupieux firma una lograda cinta en torno a la locura, en la frontera entre la comedia absurda y el drama realista, interpretada por unos excelentes Jean Dujardin y Adèle Haenel

Crítica: Le Daim
Jean Dujardin y Adèle Haenel en Le Daim

Un hombre va por la carretera, al volante de su coche. Se para en una gasolinera, tira su cazadora en el baño y se va, dejando tras de sí una inundación. Tras dormir en su vehículo y orientarse gracias a un mapa de pequeñas carreteras de montaña, llega a casa de una persona que ha puesto un anuncio, con la que ha quedado. "Estoy muy nervioso", dice el visitante antes de comprar una cazadora 100 % gamo ("no le falta un solo fleco", "es única", "es la cazadora de tus sueños"). Bienvenidos al mundo singular de Quentin Dupieux, que ha abierto con la extraña y muy lograda Le Daim [+lee también:
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entrevista: Quentin Dupieux
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la 51ª Quincena de los Realizadores del 72º Festival de Cannes

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Los que conocen la trayectoria del cineasta ya saben que su manera de llevar el humor más allá de los límites de la razón siempre se ha apoyado en una fascinante distorsión de los códigos de la realidad (la muestra más extrema de ello es Rubber [+lee también:
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, que arrasó en la Semana de la Crítica de Cannes 2010). Partiendo de la misma filosofía, Le Daim supone no obstante una evolución muy clara. Adentrándose con Georges (un Jean Dujardin en su mejor momento, totalmente despojado de sus trucos de actor) en la espiral de una deriva obsesiva y narcisista que se convierte en una crisis esquizofrénica y maníaca hasta hundirse en un desdoblamiento asesino, el film traza un retrato muy realista, en el que la soledad teje la tela de la locura. Flirteando con la comedia de la cotidianeidad hasta el punto de ponernos incómodos, Quentin Dupieux también pinta un cuadro muy expresivo del hastío que rezuma el corazón de las provincias francesas más recónditas, pues Georges decide reservar una habitación en un hotel con encanto (con una decoración de murales de pesadilla, como congelado en los años 70, una estética deprimente con la que juega toda la película), no lejos del lugar donde ha comprado la cazadora 100 % gamo, vistiéndola y admirándose constantemente en todos los reflejos posibles. Como su esposa ha bloqueado la cuenta bancaria, no tardará en hacer buenas migas con una camarera llamada Denise (Adèle Haenel, perfecta en la frontera entre la racionalidad y la animalidad), una apasionada del montaje a la que hace creer (o que quiere creer) que él es cineasta, gracias a la pequeña cámara que le han regalado con la cazadora. A partir del postulado de que "un hombre que filma es un hombre que hace un film", Georges se pone a documentar su locura creciente. Quiere "ser la única persona del mundo que lleve una cazadora", y probará formas cada vez más delirantes para lograr sus fines... 

"Un estilo de locos". Repetida como un mantra, esta formulación con doble sentido encaja a la perfección con el personaje principal, pero también con la película, que mantiene con mucho rigor su apuesta por el viraje desde el drama social hasta el terror. Una espiral escrita, puesta en imágenes y montada por Quentin Dupieux, que de paso hace una reflexión sobre el cine (Pulp Fiction remontada en orden no tendría interés, según el personaje de Haenel, que pide a Georges "filmar más de cerca, con más acción y más sangre"), ofreciendo al final una obra tan dislocada como perfectamente lograda. 

Producida por Atelier de Production, Le Daim es una coproducción de Arte France Cinéma, Nexus Factory, Umedia y Garidi Films. Las ventas internacionales están a cargo de WTFilms.

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(Traducción del francés)

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