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PELÍCULAS / CRÍTICAS

Crítica: Buñuel en el laberinto de las tortugas

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- Salvador Simó adapta el cine el cómic homónimo de Fermín Solís aportándole color y algunas imágenes del documental Las Hurdes, tierra sin pan, dirigido por Luis Buñuel en 1933

Crítica: Buñuel en el laberinto de las tortugas

Tras pasearse por varios festivales de distintos continentes, entre ellos los de Málaga, Miami y Guadalajara, por fin llega a los cines españoles Buñuel en el laberinto de las tortugas [+lee también:
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ficha del filme
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, de Salvador Simó, profesional formado en Los Ángeles y curtido en trabajos internacionales y superproducciones de Hollywood. Se trata, como algún lector habrá adivinado ya, de la adaptación al cine de la novela gráfica de Fermín Solís, en la que se narran las vicisitudes del rodaje del documental de 30 minutos de duración Las Hurdes, tierra sin pan, que Luis Buñuel filmó en 1933.

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Con guion de Eligio R. Montero y el propio Simó, Buñuel en el laberinto de las tortugas es un film animado y para adultos que ha añadido colores al cómic original (en blanco y negro), estilizando así sus líneas y aportándole humanidad y calidez a los escenarios empobrecidos que retrata. A lo largo de sus 77 minutos se siguen los pasos del maestro de Calanda, desde los cafés de París, donde se codeaba con la modernidad más recalcitrante (con el artista Salvador Dalí a la cabeza), hasta la paupérrima y aislada región extremeña de las Hurdes, colindante con Portugal.

Lo que el espectador verá en este film –de encantador espíritu cinéfilo– será no sólo el viaje físico de un cineasta irrepetible, sino también su transformación personal y artística. De coquetear con el surrealismo (sus primeros trabajos, el corto Un perro andaluz y el largo La edad de oro, le convirtieron en un ídolo, un revolucionario y un provocador) pasó a desear con todas sus fuerzas mostrar con realismo las desigualdades sociales de la España de los años treinta del siglo pasado.

De este modo, alternando la animación con imágenes del documental real que filmó el maestro aragonés –lo cual le da aún más fuerza al dramatismo de algunas escenas–, el film se erige asimismo en un hermoso canto a la amistad (la del director de El ángel exterminador con el escultor Ramón Acín) y en un homenaje a un título reivindicable (que ojalá esta película anime a las nuevas generaciones a interesarse por él), a una tierra que afortunadamente ya ha salido de aquel hoyo de pobreza, hambruna y abandono, y a un oficio de locos: el cine, capaz de empujar a sus creadores a realizar lo más sublime y lo más abyecto, en un proceso que tiene algo de maquiavélico, pues el espíritu creativo –encauzado en pos de un resultado concreto– llega a poseer de tal manera al artista que éste olvida algunos principios éticos y morales.

Esa humanización de una figura tan venerada como Luis Buñuel (aquí retratado en un momento de encrucijada, conflicto consigo mismo y duda juvenil) le da un plus de emoción, autenticidad y bravura a una película que muestra algunas de sus alucinantes pesadillas y asimismo –a través de flash-backs– refleja cómo fueron la infancia del cineasta y la compleja relación con su autoritario padre. También retrata el rodaje de una película, donde el productor se ve obligado a imponer la sensatez para que la locura del artista no acabe abismando un proyecto en el que un equipo –además de una importante cantidad de dinero– está implicado.

Buñuel en el laberinto de las tortugas es una producción de las españolas Sygnatia, S.L., Glow Animation, S.L.U. y Sociedad Pública de Radiodifusión y Televisión Extremeña, S.A.U. y la holandesa Submarine B.V., que ha contado con el apoyo del programa Eurimages y del ICAA. Se estrena en Holanda el 18 de abril de 2019, de la mano de Periscoop Film; en España lo hará el día 26 del mismo mes, distribuida por Wanda Vision S.A.; y en Francia el l9 de junio de este año, gracias a Eurozoom. De sus ventas por todo el mundo se ocupa la agencia con sede en Madrid Latido Films.

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