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MÁLAGA 2021

Adrián Silvestre • Director de Sedimentos

“Hay muchos clichés en las películas de temática transexual”

por 

- El cineasta nos detalla aspectos de su segundo largometraje, protagonizado por seis mujeres trans en ruta, que compite en la sección oficial de documentales del 24º Festival de Málaga

Adrián Silvestre • Director de Sedimentos

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, el cineasta afincado en Barcelona Adrián Silvestre (Valencia, 1981) se dio a conocer en el circuito festivalero, obteniendo premios como el FIPRESCI en el de Sevilla 2016. Ahora presenta en el Festival de Málaga –dentro de la sección dedicada a la no ficción– su segundo film, Sedimentos [+lee también:
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, que capta las relaciones entre seis mujeres transexuales en viaje a una zona rural española. Poco después, este título participará en el Festival de Documentales de Tesalónica.

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Cineuropa: ¿Cuánto ha costado levantar este film?
Adrián Silvestre
: En 2016 hablé con Tina Recio, una de las protagonistas, para hacer una película sobre la comunidad trans y ella me introdujo en la asociación I-Vaginarium. Allí les expuse mi intención: el cómo dependerá de vosotras, les dije. Creamos así un grupo y cada una puso sus condiciones, pues algunas no querían aparecer en pantalla: yo siempre soy inclusivo y acepté a quien quisiera entrar. Al principio había unas 25 transexuales, me reunía con ellas todos los sábados: en varios talleres les enseñaba lenguaje cinematográfico y actuación. Cogíamos anécdotas de sus vidas y las poníamos en escena: ellas se iban olvidando de que no se trataba de interpretar un papel, sino de estar relajadas, y para lograrlo también conté mucho de mi propia vida. Con el tiempo vi que las que estaban más presentes eran las que nunca fallaban, quienes creían en el proyecto y querían estar ahí. Eran unas diez, pero yo no podía hacer la película con tantas, pero al final cuatro se echaron atrás y quedaron seis: un número perfecto. Además, no coinciden entre ellas en nada, ninguna se parece a otra y todas ellas tienen cosas interesantes que contar, además llegamos a un punto en el que la cámara no les invade.

Exacto, hay momentos especialmente íntimos, como cuando discuten algún tema o la escena de la fiesta. ¿Cómo construir un relato cinematográfico desde ahí?
Es una cuestión de confianza: se fueron conociendo con el equipo, para que nadie fuera ajeno ni una presencia violenta. De esta manera, alguien estaba siempre filmando: yo no ordeno que empiecen a rodar, sino que en todo momento hay alguien filmando, así que nunca sabían si estábamos rodando o no. También fue importante conocerlas muy bien: cuándo se avecinaba un tema e ir al momento, porque no es algo que se pueda repetir. Yo tenía programadas algunas cosas, como la visita a la iglesia o la excursión a la cantera. O cuando hicieron el pastel de marihuana… pero no sabíamos quién se lo iba a comer.

¿Cuantas cámaras había?
Solo una, siempre junto a ellas: hasta durmiendo. Había un pacto de rodar continuamente, sin horarios, dejándose llevar: eso no todo el mundo puede hacerlo. Yo quería que estuvieran cómodas con la cámara siempre acompañándoles.

Es curioso ver que no todo es armonía entre ellas, sino que también se dan momentos de tensión…
Me gusta mucho que son muy diferentes y llegan a discutir, pero no se guardan rencor: hacen siempre borrón y cuenta nueva. Jamás ninguna dijo que no grabasen, incluso en los instantes delicados. No pusieron límites y se entregaron muchísimo.

También asombra la tolerancia que se respira en el mundo rural…
El ser humano tiene miedo a lo desconocido, de ahí vienen los prejuicios, en cualquier país y época histórica. En los pueblos, con la cercanía, la gente se conoce bien, mientras en las ciudades está ese anonimato, la crudeza y la violencia de que no conoces a tus vecinos. En ese pueblo aceptan a los demás cómo pueden y con las herramientas que tienen. Eso me interesa tratarlo porque ha sido menos contado: la temática trans siempre transcurre en la ciudad. Estuvimos ocho días en León, incluido el viaje por carretera.

El epílogo –con las protagonistas posando en el campo– sorprende…
Es algo que teníamos claro pero no sabíamos cómo meterlo: la idea era el paisaje humano y el físico, con unos retratos sonoros y visuales, y decidí meterlos al final. Costó hacerlo, porque empezó a granizar cuando lo estábamos realizando…

¿Has visto la película de Antonio Giménez-Rico, fechada en 1983, Vestida de azul?
Ese fue el punto de partida: cuando empecé a trabajar con ellas, les dije que íbamos a hacer un curso de cine con análisis de las películas de temática trans, viendo cuales les gustaban, dónde veían estereotipos, o dónde estaban bien representadas o, por el contrario, cuales les parecían falsas. Es cierto que hay muchos clichés en este asunto, pero la única que tuvo consenso, que la encontraron natural, fue Vestida de azul.

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