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HOT DOCS 2021

Miguel Ángel Blanca • Director de Magaluf Ghost Town

“Aquí llegas con una cámara y te conviertes en el enemigo”

por 

- El músico y cineasta desvela en esta entrevista qué motivaciones e impulsos le han llevado a retratar de una manera tan especial ese célebre destino turístico mallorquín

Miguel Ángel Blanca  • Director de Magaluf Ghost Town

Miguel Ángel Blanca (Sabadell, 1982) hace un alto en sus tareas agrícolas para contestar a la llamada de este periodista, que siente curiosidad por conocer los entresijos de su última película, Magaluf Ghost Town [+lee también:
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, estrenada en el festival Hot Docs. Porque el miembro de la banda Manos de topo ha trasladado su residencia de Hospitalet de Llobregat a un pueblo de Girona, por eso a su labor de cantante y director, ahora suma la de hortelano incipiente.

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Cineuropa: ¿Descubriste Magaluf en una excursión de fin de curso, como tantos jóvenes?
Miguel Ángel Blanca
: No; fue hace cinco años, buscando descubrir la verdad sobre aquella locura veraniega que mostraban las televisiones, explorando ese universo que parecía una mitología. Allí me encontré que lo más interesante no eran los turistas, sino la gente que tenía que convivir con ellos cada año, esperándolos a finales de mayo para enfrentarse a lo que odias, pero también te da de comer.

Hay otras películas recientes que también abordan este tipo de turismo de distintas maneras: Pullman [+lee también:
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, de Tony Bestard, y Nieva en Benidorm [+lee también:
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, de Isabel Coixet.
A mí me interesa partir de un universo construido –que esté a la deriva o en decadencia-, y explorar sus elementos para darles una vuelta. En ese sentido, sí puede tener punto de partida con esos títulos que mencionas, pero para mí Magaluf es un personaje potente, no sólo un contexto, con cosas que sólo pueden suceder allí. Me gustan mucho los libros y films donde se construye un universo con reglas propias, muy delimitado, y quizás la influencia más directa la recibí del cómic Ice Haven, de Daniel Clowes, sobre un pueblo de cierto costumbrismo y con algo turbio, donde no sabes muy bien si los personajes se están inventando las cosas, y donde hay un asesinado, como en Twin Peaks. Tampoco es tan importante la trama, sino estar allí: lo interesante para mí es que cuando la gente salga de ver mi película diga “He estado en ese Magaluf: me he dado una vuelta y después me he marchado”. Por eso no es una película tan de trama, sino de personajes.

Precisamente para construir tu película te apoyas en varios personajes: una pareja de chicos y una señora andaluza. ¿Cómo fue esta selección: hiciste un casting?
Fue complicado, porque cuando llegas a Magaluf con una cámara, se te echan encima: por las noticias sensacionalistas y los reportajes que se han realizado allí. Tú llegas con la cámara y automáticamente eres el enemigo. Lo más duro fue tener que aclarar que no nos interesaba la carnaza, sino dar juego a sus habitantes. Entonces hicimos casting y conocimos a personajes que tenían características que nos apetecía explorar. Por ejemplo, Tere (la señora protagonista) nos hablaba y ya construíamos escenas de su día a día a partir de sus conversaciones. El guion parte de la verdad de unos personajes en un contexto determinado.

Ya en tu anterior trabajo La extranjera abordabas el tema del turismo, en esa ocasión en Barcelona. Puede que alguien etiquete aquélla y esta nueva como películas “turismofóbicas”: ¿estás de acuerdo?
Sí, entiendo que haya gente que quiera verla desde ahí, pero para mí ésta es una carta de amor a Magaluf, no como La extranjera, porque yo entonces vivía en el centro de Barcelona y sufría hastío del turismo. Pero en Magaluf Ghost Town los turistas son un ingrediente más, y sin ellos no tendría lugar esa magia que sucede, por lo que no creo que sea “turismofóbica”. Ojalá pudiéramos ir e invitarte esta noche a tomarnos un litro de vodka de marca blanca y caminar por Punta Ballena, porque es apasionante, es una sensación única: eso lo he querido transmitir con el film.

No conozco Magaluf, pero sí la zona inglesa (o “guiri”) de Benidorm, repleta de garitos similares: un enclave fascinante, como entrar en un mundo de fantasía, en un mini Las Vegas europeo…
Sí, ultra decadente: ves caras, gestos y cosas que no ves en ningún otro lugar, y eso es súper valioso. Pero Benidorm es más limpio, en el sentido de que allí hay gente también del Imserso, que tranquiliza un poco las cosas… pero imagínate un lugar lleno de gente joven queriéndolo pasar bien a toda costa, deseando que pasen cosas. Es algo increíble, con una sensación de ansiedad por ser libre y feliz, y porque no haya límites: no se me ocurre un contexto mejor para contar cosas.

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