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BERLINALE 2021 Competición

Xavier Beauvois • Director de Albatros

"Primero hay que salvar la casa en llamas"

por 

- BERLINALE 2021: El cineasta francés aclara con su ingenuo habitual su depurado trabajo de ficción, en la frontera entre el realismo social y la emoción más íntima

Xavier Beauvois  • Director de Albatros

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, aclamada en la 71ª edición de la Berlinale, es el octavo largometraje de Xavier Beauvois, que fue premiado dos veces en Cannes (Premio del jurado en 1995 por No olvides que vas a morir y Gran Premio en 2010 por De dioses y hombres [+lee también:
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), y también ha participado en dos ocasiones en el Festival de Venecia (en 2000 y 2014).

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Cineuropa: ¿Cómo surgió la película-puzzle que es Albatros?
Xavier Beauvois: Yo vivo en el campo, en un pueblo pequeño y conozco muy bien a los gendarmes de Étretat. Me interesa todo lo que hacen y soy amigo de algunos de ellos. Se podría decir que El pequeño teniente [+lee también:
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no fue suficiente y tenía ganas de hacer una película sobre la policía o el ejército. Además, de alguna manera, el uniforme ya es una forma de puesta en escena. También había leído en Society la historia de un campesino completamente agotado que fue abatido por un gendarme, y eso me marcó. Después, está lo que digo sobre lo que ocurre en la región: es el triángulo de las Bermudas del incesto y también hay muchos suicidios en los acantilados, dos por mes como mínimo y hasta cinco más recientemente, tres de ellos el mismo día. Todo eso marca. Es un conjunto de percepciones que he intentado sintetizar, como un deshumidificador que absorbe en el aire y lo concentra en el agua. 

El hilo conductor de la película es un retrato muy íntimo.
El personaje de Laurent es alguien normal a quien le ocurrirá algo extraordinario y será cuestionado. La vida puede cambiar en diez segundos y no hay mucho a lo que aferrarse. Yo soy un cineasta bastante instintivo, que no intelectualiza. Lo que me interesa es ser cada vez más depurado, dar emoción a los espectadores. Cuando voy al cine, es para reír, para llorar.

Das muchos detalles de la vida de los gendarmes.
Me gusta el efecto “hada de los dientes”, intentar introducir al espectador en la misma habitación que los personajes, como un documental. Pero si hacíamos un documental policial, no podíamos mostrarlo todo: teníamos que pixelar a algunos mafiosos y policías. De esta forma, puedo mostrar exactamente lo mismo con libertad.

La película también retrata a una sociedad francesa que sufre mucho, un mundo amenazado. ¿Es una llamada de atención?
Son hechos reales: campesinos que sólo ganan 350 euros al mes, que trabajan un número infinito de horas por un sueldo miserable, sin fines de semana ni vacaciones, a quienes compramos el litro de leche a 40 céntimos mientras que fabricarlo cuesta 45 céntimos y que Lactalis nos revende a 85 céntimos. ¡Es increíble, aberrante! ¡En Francia, 3000 granjas están a la venta y todos los días se suicida un agricultor! ¡Esto traerá consecuencias pero a nadie le importa! En Francia, hay 340.000 policías y 300.000 campesinos, es decir, más gente para vigilarnos que para alimentarnos. Eso lo dice todo. Hay un inmovilismo político brutal. Tengo la impresión de que vamos a 200 km/h en coche, hay un muro a 200 metros, y nos estamos preguntando si deberíamos vaciar o no el cenicero, o hacer un cambio de aceite. Hay problemas urgentes que no se van a resolver gastando millones de dólares en ir a Marte. Primero hay que salvar la casa en llamas, si se puede, si no es demasiado tarde.

Este realismo tan brutal no excluye una dosis de romanticismo, pues hay mucho amor en Albatros.
Romanticismo en el auténtico sentido de la palabra. Como decía Goethe: “lo clásico es sano y lo romántico es enfermo”. El verdadero romanticismo es bastante violento, no es un beso al atardecer. Intento sintetizar en dos horas lo que yo pienso, lo que siento, lo que me estresa, lo que me gusta, la belleza y la fealdad.

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(Traducción del francés)

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