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SAN SEBASTIÁN 2020

Óscar Bernàcer • Director de La receta del equilibrio

"El cine y la gastronomía se llevan fenomenal"

por 

- Charlamos con Óscar Bernàcer, que expone en su documental La receta del equilibrio cómo un célebre chef español y su equipo se tuvieron que adaptar a la nueva realidad impuesta por el COVID-19

Óscar Bernàcer  • Director de La receta del equilibrio

En la sección Culinary Zinema del 68º Festival Internacional de Cine de San Sebastián se estrenó el documental La receta del equilibrio [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: Óscar Bernàcer
ficha del filme
]
, dirigido por Óscar Bernàcer, que sigue al chef Ricard Camarena y a su pareja, Mari Carmen Bañuls, responsables de varios restaurantes, quienes, ante los estragos de la pandemia del coronavirus, se reinventaron para seguir dedicándose a su gran pasión.

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Cineuropa: Parece natural que un cortometrajista que rodó hace años Desayuno con diadema sienta predilección por la cocina y los chefs, ¿no?
Óscar Bernàcer:
No había hecho nunca esta conexión, pero algo debe haber porque de aquel corto surgió un guion de largo llamado Cinco comidas, en el que la historia se desarrollaba a lo largo de un desayuno, un almuerzo, una comida, la merienda y la cena, separadas por un arco temporal (había una sexta que era lo que por aquí en Levante llamamos “el resopón”: aquello que engulles sin miramiento a las 6 de la mañana después de una noche de juerga). El guion acabó en un cajón y quién sabe si algún día lo repescaré. Del interior de las cocinas tengo nociones a raíz de la reciente serie documental Cuineres i Cuiners, cuya culminación ha sido esta Receta del equilibrio, así que confieso que no ha sido premeditado. Aun así, veo muy natural que la gastronomía y el cine se lleven tan bien, nos sentamos a comer y socializamos, es decir, contamos historias.

La pareja protagonista del documental consigue armonizar ideas con pragmatismo, ¿lo logras tú también como cineasta?
No lo sé, pero trato de aplicármelo, porque cada vez que termino un proyecto, salgo con más preguntas que respuestas sobre mi trabajo. Cuanto más hago y más cine veo, más me doy cuenta de lo que me queda por aprender, y eso me genera desasosiego, ya que los cineastas pasamos mucho tiempo para levantar los proyectos y conseguir resultados. En ese sentido, los cocineros me generan envidia, ya que ellos (sin omitir su trabajo de I+D) reciben respuesta inmediata y diaria de sus clientes. Nosotros pasamos años para mostrar el resultado de un trabajo y conocer la reacción del público.

El virus y la pandemia nos obligaron a modificar nuestros hábitos. ¿Cómo afectaron a la producción del film?
El rodaje empezó antes del confinamiento y, salvo la grabación de las entrevistas y la elaboración de los platos, la idea era hacer un documental donde la cámara estuviera dentro del contexto personal y profesional de la pareja, como un personaje más. Tras el parón, y a pesar de variar el contenido, el planteamiento no varió demasiado. Por motivos de seguridad, y vistos los tiempos de rodaje que íbamos a tener, prescindimos tanto de maquillaje como de apoyo de luz artificial. El plan de rodaje, que estaba pensado con semanas de antelación, pasó a ser un plan diario que variaba por horas. De repente, lo que ibas a rodar por la tarde se pasaba al día siguiente y se adelantaba algo que íbamos a rodar dos días después. En ese sentido, el equipo de filmación mínimo con el que contaba entendió la necesidad de ser flexibles, lo que facilitó mucho las cosas no sólo a mí, sino también al equipo culinario de Ricard y Mari Carmen. También, el hecho de volver a activarnos tras dos meses de encierro creó un ambiente favorable: todos teníamos ganas de hacerlo bien y ayudarnos mutuamente, siempre con el runrún del virus sobrevolando nuestras cabezas. 

La huerta valenciana ha sobrevivido al covid-19 e incluso ha salido fortalecida con más sabor... ¿Le ha pasado lo mismo a esta película con la crisis sanitaria?
Creo que esta particularidad ha hecho que la película crezca y genere mayor interés: incluso los propios personajes han evolucionado durante las dos fases de rodaje. Hay algo que me gusta mucho del resultado de la película y es que las reflexiones que en ella se plantean trascienden a la gastronomía, con lo que es más fácil empatizar con la historia. Tras la proyección en el festival de San Sebastián sucedió algo que me sorprendió: la reacción de las personas que tienen vínculo con el mundo de la hostelería y la restauración. Salían de la sala visiblemente emocionadas por lo que les tocaba de cerca, porque están viendo que muchos restaurantes corren peligro de desaparecer y otros no van a tener la oportunidad de retomar la actividad.

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