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SAN SEBASTIÁN 2020 New Directors

Imanol Rayo • Director de Campanadas a muerto

"Mi película huye del lugar común"

por 

- Dialogamos con Imanol Rayo tras haber presentado en San Sebastián su segundo film, Campanadas a muerto, que se mueve armoniosamente entre el thriller y la tragedia

Imanol Rayo  • Director de Campanadas a muerto
(© Alex Abril/Festival de San Sebastián)

Imanol Rayo (Pamplona, 1984) estuvo ya en el Festival internacional de cine de San Sebastián con su anterior película, Bi Anai, basada en la novela homóníma de Bernardo Atxaga, y recibió el premio Zinemira. Nueve años después regresa al certamen, a su sección New Directors, para estrenar mundialmente Campanadas a muerto [+lee también:
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, una intrigante tragedia rural –basada en el libro 33 ezkil de Miren Gorrotxategi– protagonizada por Itziar Ituño, Yon González y Eneko Sagardoy, ganador del Goya por Handia [+lee también:
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. Mientras la galerna azota las playas donostiarras, cobijados en el Kursaal, sede del certamen, dialogamos con él.

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Cineuropa: ¿Qué te atrajo de la novela de Miren Gorrotxategi para llevarla a la pantalla?
Imanol Rayo: Fueron puntos de partida muy distintos en mi primer y segundo largometraje, porque yo tenía muy interiorizado el mundo de Atxaga y me interesaba el cambio de forma, haciendo mudos a los animales; en este segundo caso era diferente, porque vino el proyecto a través del productor ejecutivo de la película, Joxe Portela, quien me sugiere leer la novela: me gustó porque planteaba una estructura muy fragmentada, con limitación de espacios e hilos que quedan abiertos; ahí la clave fue adaptar esa estructura y transformar el contenido narrativo, cuando habitualmente se hace lo contrario, es decir, no importa tanto la forma original de la novela –que es lo primero que se sacrifica-, sino los personajes. Esa esencia de brochazos gordos y no tener un arco dramático habitual, con un crescendo, sino con retazos autónomos, me fascinó. Por otra parte, la novela contenía una imaginería en torno al concepto de la muerte y cierta inconografía macabra, como esas coronas de flores... ese misterio planea sobre la película. Todo ello nos animó a hacer la adaptación.

Aparece en ella como argumento la familia conflictiva y la España cainita…
En este país hay hechos históricos, que aquí se abordan un poco de lado, como los años del plomo de ETA o el narcotráfico -y la corrupción- de la guardia civil: son sugerencias, porque la narración propia trasciende todo esto. Hay que ir mucho más allá, porque me interesa llegar a esa esencia clásica de tragedia y que tenga ese aspecto ancestral. También es importante el factor terrenal y telúrico, que participa activamente en los hechos. Y la música ayuda a canalizar los silencios, que son deseados en la película, a los que llegas tras cierta intensidad sonora.

Hay mucho contraste entre la tragedia rural narrada y la fotogenia del paisaje vasco y navarro donde rodaste, ya que no has usado ni un dron para hacer panorámicas aéreas…
Hay que huir más que nunca del cliché. El thriller abusa a veces de bosques brumosos, por ejemplo; aquí hay que ir a imágenes concretas, que sean más o menos elocuentes. No hay planos gratuitos: la película está filmada en base a la limitación, no teniendo un imagen de toda la escenografía, de manera que el mapa donde transcurre todo lo tiene que construir mentalmente el espectador. Y yo no concibo un rodaje si no está el trípode sobre el suelo: el cine va unido a la visión humana, debe ser lógico el plano. Por eso la cámara también se mueve muy poco en Campanadas a muerto. Pero mi film huye del lugar común de hoy en día. Es importante estar en comunión con lo que quieres hacer, aunque no seamos plato de gusto de todo el mundo...

Tu apuesta, tanto en lo narrativo como en lo temático –un thriller con tragedia familiar- no es habitual…
Ya. Pero creo que hay saturación de thrillers cortados por el mismo patrón, llevados hacia la acción y concesivo con el espectador; en ese sentido, esta película es mucho más abierta a una participación más activa del público, que tiene que completarla.

Los colores en el film están algo saturados, son intensos... ¿por qué?
Es algo deliverado, volver a esa textura intemporal. Es una película sin apenas sol y no vemos los cielos, así que se construye sobre el concepto de las sombras: en ese sentido, la fotografía es también una especie de estado de ánimo, marcando también las huellas del tiempo, porque la luz afecta de manera diferente a los escenarios según sea presente o pasado.

¿Habéis sido libres a la hora de producirla y rodarla?
Los poderes económicos son claves siempre: nosotros estamos en otro perfil, de festivales, aunque las etiquetas son peligrosas... En ese sentido, no creo que sea una película muy críptica y que puede funcionar para cierto espectador, aun siendo un film singular. Pero el cine se tiene que reinventar constantemente.

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