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SEVILLA 2019

Oskar Alegría • Director de Zumiriki

"Me interesaba retener lo que aún nos queda de indígenas"

por 

- Con su segunda película, Zumiriki, estrenada en Venecia, el cineasta navarro Oskar Alegría está recorriendo el mundo, saltando de festival en festival, recalando ahora en Sevilla

Oskar Alegría  • Director de Zumiriki
(© Lolo Vasco/Festival de Sevilla)

Oskar Alegría (Pamplona, 1973), que fue director artístico del festival Punto de Vista durante cuatro años (leer más), está recorriendo el mundo con su segundo largometraje, Zumiriki [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: Oskar Alegría
ficha del filme
]
, escrito, dirigido, montado y filmado por él mismo. Hablamos con el cineasta durante el Festival de Cine Europeo de Sevilla en cuya sección Las Nuevas Olas No Ficción brilla esta fascinante propuesta artística.

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Cineuropa: ¿Tiene tu nueva película fecha de estreno en salas de cine?
Óskar Alegría:
Nunca pienso en el sentido comercial: ni con mi primer film, ni con éste. De momento, Zumiriki tiene fechas de exhibición en festivales, que es el primer y casi único circuito que me planteo: luego tendrá exhibiciones en centros de cultura y de arte. Es el circuito que tuvo mi anterior película, La casa Emak Bakia, y que estoy dispuesto a repetir: no creo que tenga mucho sentido comercial esta historia que cuento.

Entonces, ¿cómo está siendo ese periplo festivalero y cómo captan la película las distintas sensibilidades del mundo?
Mi primera película tenía una universalidad más clara, pues allí me apoyaba en Man Ray, un artista muy conocido. En ésta me apoyo en una historia muy personal y, dicho así medio en broma, en unas películas que hace mi padre, Jesús Alegría. Para mí está siendo sorprendente que la película haya sido seleccionada en el festival de Venecia o en China, donde me voy el próximo mes y desde donde me escriben hablando de la poética que han visto en ella: yo también me pregunto qué tipo de poética tiene. Con Zumiriki estoy llegando a sitios a los que no llegué antes y me sorprende más porque es una historia cerrada y local, pero esto es un prejuicio que tenemos: pensamos que contamos algo pequeño y cercano y al final todos los ríos están conectados, y una botella que tiras al río de tu casa puede acabar en la laguna de Venecia o en una isla de China.

Esa casa que habitas en el bosque durante la filmación de Zumiriki es casi como la del árbol que hemos querido tener de niños, desde donde soñar con todo tipo de aventuras.
Sí, la película homenajea al primer gesto de desobediencia que todos hemos hecho: subirnos a un árbol. La primera experiencia de libertad, dejando la tierra y poniéndonos en el punto de vista de un pájaro. Es algo muy bello. Y el cine te permite la magia de volver a ese instante en el que eras feliz, por eso es un arma maravillosamente poderosa para vivir dos veces.

Imitando a tu padre, en el film buscas la mirada limpia que él tuvo...
En el fondo de la película hay un viaje a una mirada más pura. Mi padre la tenía, es algo envidiable, pero nosotros no podemos llegar, porque estamos muy viciados ya. Yo veía que la manera de rodar de él era muy primitiva: él no ha visto las películas que yo sí he visto.

También hay un intento, en el film, de atrapar el tiempo y recuperar la memoria, algo que el cine logra.
Creo que es una película de la experiencia, de vivir cuatro meses seguidos solo en un bosque, donde he sentido que era el único habitante en ese rincón, algo muy poderoso, porque allí el tiempo está relacionado con el espacio y controlas cualquier cambio, movimiento y rama, como hacen los animales. Allí el tiempo es siempre un comienzo. En la película se intenta pasar la última noche de nuestro último verano de nuevo, para que todo sea un comienzo.

También, aparte de su belleza, Zumiriki es una exaltación de la naturaleza, con sus ritos y leyendas.
Aunque hay una generación de asfalto por encima, tenemos la suerte de haber tenido un pasado rural. Me interesaba mucho retener lo que nos queda de indígenas: yo estuve en esa zona del rodaje muchas veces de niño y mi padre entonces no miraba el reloj, pues controlaba el tiempo por la luz, el viento o las plantas. En el film hay mucho de ese ritual y mitología.

También hablas de palabras que se pierden según desaparecen las generaciones...
Nuestros padres y abuelos son diccionarios andantes. Es una pena que se pierdan esas palabras, porque pienso que si se va la palabra, se va también el objeto que representa. Es importante, al menos, retener una de esas palabras.

Me ha sorprendido el humor que destila Zumiriki
Porque en el naufragio hay que cantar: no vamos a estar serios y con el llanto. En esta experiencia mía, al estilo Robinson Crusoe, he hecho chistes en el bosque, porque es una manera de sobrevivir al duelo de un paisaje, al funeral de tu infancia. Hay también algo relacionado con el niño que fui: vamos a seguir jugando en este sitio donde jugábamos hace mucho tiempo.

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