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SAN SEBASTIÁN 2019 Competición

Belén Funes • Directora de La hija de un ladrón

“Hacer una película tiene mucho de improvisación”

por 

- La debutante en el largometraje Belén Funes, favorita en la lucha por la Concha de Oro de San Sebastián con La hija de un ladrón, un drama centrado en una joven madre con un grave conflicto familiar

Belén Funes  • Directora de La hija de un ladrón
(© Lorenzo Pascasio)

Belén Funes (Barcelona, 1984) tuvo a Isabel Coixet ejerciendo de madrina de su primer cortometraje, Sara a la fuga, rodado en 2015 y candidato al Goya en su categoría aquel año. Dos años después filmó La inútil. Ahora debuta con su ópera prima en el formato largometraje, La hija de un ladrón [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: Belén Funes
ficha del filme
]
, en la Sección Oficial del 67º Festival Internacional de Cine de San Sebastián, colocándose con fuerza entre los nombres que suenan para su palmarés.  

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Cineuropa: Había bastante expectación previa hacia tu película, que pasó, por ejemplo, por Abycine Lanza (más información aquí) durante su postproducción…
Belén Funes:
Yo creo que las óperas primas llaman mucho la atención. Siempre. A mí me sucede: estoy pendiente de la gente que hace su primera película; tendrá que ver con que sea debutante, con la novedad. Yo estudié guion en San Antonio de los Baños (Cuba) y dirección en la ESCAC. Luego, durante una época trabajé de auxiliar de dirección y me olvidé de dirigir, porque no estaba motivada y me sentía insegura, entonces me metí en la rueda de la industria, donde me llamaban bastante. Me costó pararme y decidir hacer mis cosas, la verdad.

¿Cómo se produjo entonces este cambio de rumbo?
Era una época en la que tenía la autoestima muy baja y me metí a trabajar pensando que lo de dirigir no era para mí, no me interesaba y no quería hacerlo; decidí ganarme la vida como técnica, pero me quedé sin trabajo y, para no estar en casa, empecé a rodar cortometrajes. En ellos siempre son chicas las protagonistas y hay mucho de mí.

¿Qué maestros del cine te gustan?
Ahora estoy muy interesada en cómo se tiene que hacer una película para que llegue a ser como quieres que sea: Éric Rohmer, los hermanos Dardenne, Pablo Trapero y aquí, en Donosti, me he hecho una foto –en plan fan– con Ken Loach. A veces la híper profesionalización no me interesa porque se puede comer a la película que estás haciendo: eso solo tiene inconvenientes, porque todo el mundo sabe estar muy bien en su sitio, pero hacer una película es improvisación de alguna forma. En el cine, los procesos de producción son mastodónticos siempre, porque necesitas mucho dinero, no es como pintar un cuadro, entonces siento que a la película hay que protegerla de todo esto y al final decidir cuál es la mejor forma de hacerla para que salga como quiero. He empezado a leer a John Cassavetes: a ver si me ilumina pues me interesa mucho su forma de entender y hacer el cine.

La familia –conflictiva– ocupa el centro de La hija de un ladrón.
La familia es un lugar muy inspirador: cuando intento analizar las relaciones que hay entre los miembros de una de ellas me parecen muy fascinantes. Yo quería hablar de la toxicidad que hay en un lazo familiar que está muerto, corrupto, pero que tampoco los personajes son capaces de cortar, porque la sangre tiene mucho poder.

Apuestas en la película por el realismo y no incluyes música.
No me gusta la música en el cine. Creo que la utilizaré más adelante en algún film, pero me parece difícil y casi siempre me provoca distanciamiento, porque creo que es un elemento de subraye y, sobre todo, porque desnaturaliza una imagen que yo busco, más transparente y menos cinematográfica.

El personaje central de tu película, Sara (encarnado por Greta Fernández), vive en un piso compartido, de los servicios sociales. ¿Cómo fue el acercamiento a esa realidad?
Hicimos un proceso de documentación, de mucho tiempo, un poco estresante porque en ese momento no escribes, solo preguntas e investigas, y te da la sensación de que la película no avanza, pero en realidad está pasando en otro nivel. Quedamos con chicas que habían estado en circunstancias parecidas a la que mostramos y aparecían con un bebé: todas tenían cerca de 20 años. De ahí nos surgió la idea de darle un hijo a Sara y hacer aparecer la figura del padre del crío.

¿Cómo fueron el rodaje y el equipo?
Intentamos ser pocos dentro de un rodaje, donde siempre hay mucha gente; pero diseñamos una forma de trabajo intuitiva: los actores llegaban, se les vestía pero no maquillábamos, y los niños no pasaban por esos procesos, sino que entraban directamente en el set, para que estuvieran en un registro naturalista sin pensar que estaban haciendo una película. Con la directora de fotografía (Neus Ollé-Soronellas) habíamos mirado referentes inspiradores e intentamos que el rodaje fuera ágil, para poder movernos mucho a lo largo del día, porque el film tiene muchas localizaciones. Y, sobre todo, teníamos que priorizar a los actores todo el rato. Fueron en total seis semanas de rodaje, repitiendo con el mismo equipo técnico de mis cortos.

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