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LOCARNO 2019 Competición

Basil Da Cunha • Director de O fim do mundo

"No llegué a Reboleira diciendo, 'soy director'. Ante todo, me aceptaron y respetaron como persona"

por 

- El realizador suizo y portugués Basil Da Cunha nos habla de su último film, O fim do mundo, proyectado en la competición de Locarno

Basil Da Cunha  • Director de O fim do mundo
(© Locarno Festival)

Con su última película O fim do mundo [+lee también:
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, la única producción suiza en la Competición Internacional en el Festival de Locarno, Basil Da Cunha nos lleva por el barrio de Reboleira, en la periferia de Lisboa. El día a día de las personas/personajes que viven en este sitio olvidado está grabado con respeto y elegancia formal en una búsqueda constante de la verdad. Da Cunha nos habla con pasión del lugar que une a sus personajes y de su visión personal del cine.

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Cineuropa: El barrio de Reboleira está siempre presente en tus películas. ¿Por qué has escogido este lugar? ¿Cómo influye en tu trabajo?
Basil Da Cunha:
En verdad, no escogí este barrio para grabar mis películas. Cuando me mudé ahí no fue para grabar películas. Estando en Suiza ya grababa con la gente de mi barrio, siempre con la idea de darle importancia a las personas que no se ven normalmente en el cine. Esta idea me acompañó hasta Reboleira. Mi idea era crear historias para los portugueses que me encontraba cada día metiéndolos en las historias del cine. Les doy visibilidad a través del cine.

En tus películas siempre trabajas con actores no profesionales, normalmente con habitantes del propio Reboleira. ¿Cómo te ganaste su confianza y cómo fue trabajar con ellos?
Yo no llegué a Reboleira diciendo: “Soy un director” Siempre me han respetado como persona. Con el paso de los años, empiezo a comprender y a conocer a la gente con la que grabo. Escribo para ellos, mi escritura es su tributo. Me nutro de su realidad, pero al mismo tiempo aporto ficción. La historia se compone de un conjunto de escenas de ficción que, al mismo tiempo, respetan la realidad de las personas grabadas. Son personas que lo dan todo cuando interpretan su vida, su día a día. Las escenas se escriben, el guion es muy concreto, pero nadie puede leerlo. Los actores viven delante de ti algo espontáneo y no se pasan todo el rato reflexionando sobre el efecto que quieren provocar.

Con el personaje de Spira fue algo distinto. Su papel es un verdadero papel de composición. Me hacía falta un personaje que fuera un poco más allá de sí mismo. Para los que son actores lo que cuenta es el “creer”. Cuando estoy convencido de que alguien es el mejor actor del mundo para ese papel, creo que él lo ve en mis ojos. Yo por mi parte puedo ver en sus ojos que cree en mí.

En O fim do mundo la miseria se transforma en poesía, en una cruel belleza, un poco como en las películas de Pasolini. ¿Qué referencias tienes, qué directores te inspiran?
Considero a los directores italianos de posguerra como mis hermanos de humanidad. En sus películas vi por primera vez a personas que se parecían a las que yo conocía. Detesto ese cine al que le falta humanidad, textura. En la ficción puedes embellecer la realidad, ofrecer historias a estas personas que se convierten en personajes, es un proceso bonito. Yo intento sobrepasar la realidad con sus historias. En mis películas hay personas que interpretan de verdad su papel y personas que necesitan distanciarse de lo que han vivido. En el caso de Spira, es un personaje que ha pasado ocho años en un internado... ¡No es moco de pavo! Es un producto de su época, de unas instituciones que castigan en vez de educar. En la realidad, no es Michael Spencer, el actor que hace de Spira, quién ha vivido eso, sino otra persona.

Hay cosas que son demasiado difíciles de interpretar para la persona que las ha vivido. Es demasiado íntimo, hace falta respeto y pudor. El director no puede solamente utilizar las cosas. Hay que actuar con ética. Para el personaje de Spira, lo más importante era representar ese sentimiento de resistencia a lo moderno. Quería representar a esta nueva generación que toma el poder en el barrio, el fin de una era, de un mundo.

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(Traducción del francés por Alessandro Romano Sáez)

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