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CANNES 2019 Semana de la Crítica

Aude Léa Rapin • Directora de Les héros ne meurent jamais

"Todo fue muy rápido, lo que nos permitió llevar un ritmo casi de aventura"

por 

- CANNES 2019: La cineasta francesa Aude Léa Rapin nos habla de su sorprendente primer largometraje, Les héros ne meurent jamais, descubierto en la Semana de la Crítica de Cannes

Aude Léa Rapin • Directora de Les héros ne meurent jamais

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entrevista: Aude Léa Rapin
ficha del filme
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de Aude Léa Rapin, presentado durante la sesión especial de la 58ª Semana de la Crítica del 72º Festival de Cannes, relata las extrañas experiencias que vive un equipo de rodaje de documentales durante un viaje a Bosnia, mezclando una road-movie sobre la reencarnación.

Cineuropa: ¿Cómo se te ocurrió esta mezcla tan sorprendente?
Aude Léa Rapin: Escribimos el guion de esta película muy rápidamente, en unas pocas semanas, basándonos en una idea a la que nos hemos mantenido bastante fieles. Me crucé con un mendigo en París que inventaba nombres y vidas para todos aquellos que se le cruzaban. Creaba relatos y se los contaba a los que le dedicaban cinco minutos, como hice yo. Me pregunté entonces que pasaría si me creyese alguna de estas historias. Esto se unió con una idea que me rondaba desde hace tiempo: rodar una película en Bosnia-Herzegovina, siguiendo el rastro de aquella guerra que dictó el ritmo de cinco años de mi infancia frente a la televisión y a los informativos. Esas imágenes me hicieron interesarme por Sarajevo, donde viví los primeros años de mi vida adulta. Quise unir todos estos fragmentos inconexos en un relato de ficción ambientado en este país, atormentado por el fantasma de la aun tan reciente guerra.

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¿De dónde vino la idea de una película dentro de otra película?
Al principio no nos imaginábamos ni siquiera que la película fuese producida profesionalmente, el actor Jonathan Couzinié y yo estábamos preparados para hacerlo todo nosotros solos con nuestra cámara, como con los cortos. Pero mi agente me presentó a Sylvie Pialat, que aceptó producir la película. Era ya octubre y teníamos la intención de rodar durante la conmemoración de la masacre de Srebrenica el 11 de julio. Tuvimos que darnos prisa. El guion, la búsqueda de financiación y la película dentro de la película terminaron siendo una forma de extender el proyecto inicial. Todo fue muy precipitado, con un ritmo casi de aventura. Al introducir la cámara como un personaje más, pude mostrar otro punto de vista, dando más importancia a la trama en sí y analizando las distintas opiniones.

La película afronta temas muy amplios: vida, muerte, reencarnación, homenaje a los caídos en la guerra y a los que sobrevivieron…
El homenaje es muy importante, Srebrenica estuvo presente en mi vida muy pronto, viví allí un año y presencié cómo se abrían fosas, conocí a enterradores y exhumadores, y presencié mucho luto, una lucha imposible de ganar. En mi película, a través de las lentes de la cámara, se puede sentir el vértigo de asomarse a la propia muerte. En cuanto a la reencarnación, es una forma de hacer creer que la muerte no es el final, es esperanzador, reconfortante. A diferencia de la vida real, el cine nos permite santificar a alguien durante más tiempo. La película mezcla distintos conceptos de la muerte, la perpetuidad, lo que dejamos, lo que experimentamos, cómo vivir teniendo la certeza de la muerte o cómo vivir cuando lo has perdido todo, como las mujeres que los personajes encuentran durante su viaje. De todas formas, no pretendía establecer una tesis filosófica sólida y cerrada, simplemente quería trasmitir lo que sentía desde mi propia forma de percibirlo y mi instinto.

El relato da muchos giros inesperados.
En cierto modo, es tirar piedras sobre mi propio tejado [risas]. Después de una introducción como la de esta película, podríamos haber creado una película de fantasía o de ciencia ficción. De todas formas, quise que hubiese una constante colisión entre sueños y fantasmas del pasado, uniéndolos a la realidad; una realidad que obliga a crear un relato propio para que la historia avance, como hacen los personajes. No es una película tradicional, ya que ni yo misma sabía cuál era su objetivo hasta que no estuve inmersa en el proceso, fue una forma de rebelarme contra el método tradicional de escribir una historia. En muchas de las clases de guion, me enseñaron que cada 20 minutos había que hacer un giro narrativo e introducir un elemento que lo desencadenase, pero a mí no me resulta interesante. No digo que nunca lo vaya a hacer, pero simplemente para mí no son reglas inquebrantables. Estoy muy contenta de haber encontrado gente como Sylvie Pialat, Adèle Haenel o Paul Guilhaume, que aceptaron sin problema este extraño guion y esta película, que ha terminado tan extravagantemente como empezó.

(Traducción del francés)

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