email print share on Facebook share on Twitter share on reddit pin on Pinterest

Micol Roubini • Director de La strada per le montagne

“Un lugar imposible que actúa como una metáfora de los oscuros recesos de la memoria”

por 

- Hablamos con Micol Roubini sobre su personalísimo docu-noir La strada per le montagne, que se ha proyectado en competición en la 4ª edición del IsReal Festival de Nuoro

Micol Roubini • Director de La strada per le montagne

En su primer largometraje documental, la videoartista Micol Roubini se traslada hasta la pequeña ciudad de Jamma, en el este de Ucrania, para encontrar la casa de su abuelo, que fue abandonada en la Segunda Guerra Mundial. Pero su misión se complica más de lo esperado debido a los muros infranqueables y al silencio de los locales. Hablamos con la directora de La strada per le montagne durante la 4ª edición del IsReal - Festival di cinema del reale de Nuoro, donde se proyecta en competición.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

Cineuropa: ¿Qué inspiró esta búsqueda?
Micol Roubini: El origen de la película se encuentra en el hallazgo de unos documentos de mi abuelo después de su muerte. Él procedía de un pueblo fronterizo que pertenecía a Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial, y al que nunca regresó. Su familia fue exterminada durante la guerra. Entre esos papeles, había una fotografía de una casa que databa de antes de 1919 y decidí ir a buscarla, por motivos personales principalmente. Lo increíble fue que cuando llegué a esta región remota, los vecinos me dijeron que mi casa estaba a 200 metros, pero no pude acceder porque estaba en una zona cercada y con seguridad privada. Nadie supo decirnos quiénes eran. Era raro que en un sitio tan pequeño nadie supiera quiénes eran sus vecinos.

Y por eso decidiste transformar esta investigación en una especie de docu-noir…
En ese momento, me pareció una situación interesante de investigar. Poco a poco, empezamos a pensar en esta película como una verdadera historia de “policías y ladrones”. Al principio, nos obsesionamos con entrar en la casa pero después nuestro interés cambió: se convirtió en una reflexión sobre la (hi)storia de una población local que ha olvidado por completo su propio pasado. La idea era construir la película como si fuese una ficción, no queríamos un estilo estrictamente documental. También depende del espectador descubrir lo que es cierto y lo que no. La idea era jugar un poco con el género, añadir suspenso, porque todos los otros elementos ya estaban allí. Ese lugar no es alegre; es un lugar imposible que actúa como una metáfora de los oscuros recesos de la memoria.

¿De qué pasado olvidado estamos hablando?
Un elemento común a todas estas zonas fronterizas es un pasado violento que coincide con la Segunda Guerra Mundial. Son áreas donde un tercio de los habitantes eran polacos, un tercio judíos y un tercio ucranianos. Los judíos fueron masacrados y los polacos tampoco tuvieron mucha suerte. Pero nadie habla de ello. La película se proyectó en Ucrania hace un mes. Para mí, era importante que la película se proyectase allí pero me preocupaba cómo recibirían mis opiniones de extranjero. Al final, todos me dijeron que eran cosas de las que nunca hablaban. En la película, nadie te dice que esas personas fueron asesinadas; es algo muy difícil para ellos. Setenta años después de la Unión Soviética, las tradiciones locales de estas tierras, que un día estuvieron muy arraigadas, han sido borradas. Están sufriendo.

¿Cuánto tiempo estuviste en el pueblo?
Empezamos a trabajar hace cinco años pero la grabación se inició dos años después. Quería conocer a todos, no quería hacerlo rápido. Además, a las personas no les disgustaba ser grabadas. Excepto los vigilantes de seguridad… Recibimos amenazas de muerte pero desde el punto de vista legal, no podían prohibirnos estar allí, del otro lado de la valla. Un par de veces nos preocupamos por tener a todas las autoridades en contra. Nadie se creía que estuviésemos allí sólo para hacer una película; pensaban que queríamos recuperar la casa.

En la película haces la investigación con la ayuda de dos vecinos locales: un ex partidario y un taxista. ¿Cómo los elegiste?
A Petro, el partidario, lo conocí al principio. Es una persona importante en la comunidad, aunque es muy mayor. En cambio, Yura, el taxista, es alguien a quien nadie quiere ver. Representa la otra cara de este pueblo, su lado oscuro. Es una especie de estafador que hace lo que puede para sobrevivir, como muchos hombres de mediana edad que viven allí: hacen trabajos ocasionales porque no existen trabajos reales. 

(Traducción del italiano)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

Lee también