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VENECIA 2018 Orizzonti

Álvaro Brechner • Director

“No pueden robarnos la imaginación”

por 

- VENECIA 2018: El cineasta Álvaro Brechner presenta su tercera película, La noche de 12 años, basada en hechos reales acaecidos en su país, Uruguay, no hace tanto tiempo

Álvaro Brechner  • Director

Álvaro Brechner (Montevideo, 1976) debutó en el largometraje el año 2009 con Mal día para pescar [+lee también:
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, film que participó en la Semana de la Crítica de Cannes. Cinco años después estrenó Mr. Kaplan [+lee también:
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, que como su tercer film, La noche de 12 años [+lee también:
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, que se proyecta ahora en los festivales de Venecia (Orizzonti) y San Sebastián (Horizontes Latinos), está producida a ambos lados del Atlántico.

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Cineuropa: ¿Qué te sedujo de la historia real para decidir convertirla en una película?
Álvaro Brechner:
Como director y guionista, este proyecto me llevó más de cuatro años de investigación y documentación, y una exigencia importante dentro del ámbito estético y humanista. Lo primero que me impactó fue escuchar la sentencia que recibieron estos rehenes: “Debimos haberlos matado en su momento. Ahora vamos a volverlos locos”. Poder explorar ese universo en el que se debate un individuo que, de pronto, se encuentra convertido en cobaya de un experimento en el que todo aquello que conoce del mundo no le sirve para nada. Y cómo, en la soledad del cautiverio, debe reinventarse para poder resistir a un plan cuyo objetivo era aniquilar la última resistencia del yo más íntimo. Me interesaba sumergirme bajo un desafío estético y sensorial en este nuevo mundo donde se orquesta la lucha del hombre por conservarse como tal.

¿Se ha filmado La noche de 12 años en cárceles reales?
En Montevideo conseguimos rodar en el Penal de Libertad, construido durante la dictadura uruguaya para albergar a presos políticos (hoy aún es una cárcel de máxima seguridad, para delincuentes comunes), y que nos permitió darle mayor verosimilitud a la salida de presos, con el retorno de Uruguay a la democracia. En Pamplona (España), rodamos en el Fuerte de San Cristóbal, que ofició de prisión entre 1934 a 1945, recordada por la fuga de 1938, con infame desenlace. Y tuvimos que recrear los calabozos dentro de cuarteles, las cloacas donde los protagonistas estuvieron transitando (fueron casi 40 celdas distintas) durante 12 años. Algunos eran pozos, otros cuartos ciegos, bajo tierra, de apenas metro y medio por dos. Rodar en espacios tan pequeños implicaba una dificultad técnica enorme: quisimos ser lo más fieles a esos espacios y encontrar una forma de iluminar que se adaptase, para no perder verosimilitud.

Ahora que en España se produce la polémica con la tumba del dictador Franco... ¿sigue siendo necesario recordar los horrores del pasado?
Recordar los horrores que podemos cometer los seres humanos es importante solamente si sirve para evitar los horrores del futuro. Por nuestra historia, sabemos que la paz, lamentablemente, siempre ha sido temporal: olvidamos muchas veces el combate interno que exige para mantenerla. Creo que nunca está de más recordar los riesgos que una sociedad asume cuando comienza una escalada de violencia.

¿Y es la imaginación el mejor salvavidas en situaciones tremendas?
Cuando un hombre está incomunicado, aislado del tiempo, sin estímulos sensoriales ni nada material a lo que aferrarse, sus sentidos comienzan a traicionarle. ¿Qué queda de él cuando le han quitado todo? Pero en su fuero interior hay algo que no le pueden robar: su imaginación. La última de sus libertades. Después de años de encierro, silencio, oscuridad y falta de sueño, hubo momentos en los que la confusión de los rehenes era tal que ya no podían saber si estaban despiertos o soñando, si lo que escuchaban era parte de su imaginación o estaban siendo traicionados por sus sentidos. Estaban desorientados: espacial, sensorial y temporalmente. ¿De qué se podían fiar entonces? Su resistencia fisiológica y psicológica estaba siendo puesta a prueba. Hipersensibles ante cualquier estímulo, dudaban de la realidad distorsionada. Transmitir este confuso estado de ansiedad, fantasía, rabia, miedo, pesadilla, resistencia y esperanza fue el desafío estético de la puesta en escena visual y auditiva de la película.

Aparte de adelgazar… ¿qué exigiste a los actores para encarnar a los protagonistas?
Conté con tres intérpretes inmensos: Antonio de la Torre, Chino Darín y Alfonso Tort. Recurrimos a largos encuentros de los actores con los protagonistas reales, que les narraron sus experiencias y sentimientos. También a asesoramiento psicológico, para preparar y comprender los distintos estigmas y el desarrollo físico-emocional del hombre que se encuentra ante años de aislamiento y falta de estímulos. Debieron prepararse con especialistas para la pérdida de musculatura y peso, debiendo adelgazar más de quince kilos.

Más allá del desgaste físico, les pedí que no se expusieran al sol durante los tres meses previos y que redujeran su actividad física al mínimo. Pero lo único que importaba es que debían, ante todo, ser ellos mismos. Que, a pesar de que la película estaba basada en una historia real, ellos ya la habrían integrado en los meses de investigación y charlas. Así que lo único que les exigí fue que estuvieran siempre presentes… y en alerta a lo inesperado.

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(Traducción por Elisa Flammia)

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