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Edmond Budina • Director

'Mi película entre el sueño y la realidad'

por 

- Con Lettere al vento el director de origen albanès muestra la cruel realidad en la que muchas personas viven a ambas orillas del Adriático

Edmond Budina • Director

Edmond Budina, director de Lettere al vento tiene a sus espaldas años de carrera cinematográfica como actor y director de teatro, cine y televisión.
Entre sus éxitos teatrales en Albania se cuentan la adaptación al teatro de una obra de Ismail Kadaré, “Noche de luna”, considerada por la crítica y el público como una señal de cambio en el teatro albanés a imitar, y “Risveglio”, del italiano Marco Costantini. En Italia cambia su recorrido y escribe y dirige documentales y cortometrajes (Guardando al ritorno, Medfest de Sorrento; Domenica delle palme, fuera de concurso en el festival de Turín), pero no renuncia a su amado teatro; recientemente lo hemos visto como protagonista del espectáculo “Migranti”, de Marco Baliani. Eso sí, para mantener a su familia, Budina trabaja como obrero en una fábrica del Norte.

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Lettere al vento presenta muchas novedades. Entre imaginación y creatividad, no faltan las notas realistas al recrear condiciones de vida y puntos de vista que escapan a los ojos y a la mente de los que viven fuera de Albania. Mezclando el humor con lo trágico, Budina muestra la cruel realidad en la que muchas personas viven a ambas orillas del Adriático.

¿Cuándo y cómo nació la idea de una película como Lettere al vento?
“La historia de Niko, que viene a Italia en búsqueda de su hijo, nació a principios de los años 90, cuando escribí un guión para un cortometraje. Luego la trabajé y en el 96 la presenté al concurso nacional en Albania. Aceptaron todos los proyectos menos el mío. Debería estar agradecido con la comisión de ese concurso, pues gracias a ellos tuve que presentarlo en Italia. Como dice la prensa italiana, hay algo de extraño y maravilloso en la vida de Lettere al vento.
Mientras desarrollaba el guión se puso en contacto conmigo un periodista que me hizo una entrevista sobre la situación en Kosovo y que se enteró así de que estaba escribiendo un guión y necesitaba un productor. Me ayudó a encontrar uno de inmediato. Al productor le gustó el guión que yo había escrito y presentamos juntos el proyecto al Ministerio de Cultura italiano. Afortunadamente yo ya era ciudadano italiano, si no, no podría haberlo presentado. A decir verdad, no contaba con ganar en vista del gran número de participantes, pero el milagro sucedió”.

¿Cuáles fueron sus primeros contactos con el cine extranjero en Albania y en particular con el cine italiano?
“Yo nací en Tirana, pero cuando tenía 10 años mi familia se trasladó a Korça. Viví allí los años más importantes de mi vida en lo que se refiere a mi desarrollo cultural. Entonces sentía nostalgia por Tirana, pero ahora la siento por el período que pasé en esa ciudad con tan buen tradición cultural. Mis primeros contactos con el cine extranjero fueron allí. Al principio sólo veíamos películas rusas. Fue más tarde cuando conocí el cine francés y el italiano, aunque todavía no el de los grandes directores. Manos sobre la ciudad de Francesco Rossi fue la película que me hizo entender finalmente lo que era el cine. Más tarde descubrí las películas de De Sica y de otros directores neorrealistas; obviamente, sólo lo que teníamos permitido ver. De todas maneras, la gran impresión la tuve con el cine de Fellini, aunque yo ya era casi un adulto, porque, como se sabe, sus películas estaban prohibidas en Albania al no tener ideología marxista-leninista. Para mí, Fellini es sin duda uno de los hombres más importantes de la cinematografía mundial y mi director favorito”.

Su personaje, Niko, a pesar de su valor, a menudo da la sensación de que es pesimista. ¿También usted lo es?
“Soy pesimista cuando soy optimista. En realidad, cuando puedo, me gusta mucho cantar y bailar, si no lo hago no me siento bien.
Me gusta la comedia, pero estoy de acuerdo con los griegos cuando piensan que a través de la tragedia, de la catarsis, se purifica el espíritu. La tragedia me emociona más, y la prefiero por eso. En esta película (Lettere al vento), quería también reflexionar sobre este tipo de optimismo. Estoy convencido de que deberíamos rebelarnos contra una realidad que no nos conviene, y no bajar nunca la cabeza ante las injusticias. En mi vida he intentado…, he querido comportarme así. El hecho de que trabaje en una fábrica y al mismo tiempo haya hecho una película, haya trabajado en teatro, demuestra que no soy pesimista y que no bajo la cabeza fácilmente.
Yo quería construir el personaje de Niko así. No me gustan los personajes idealizados, prefiero los humanos, con debilidades y con algunos vicios. Esto enriquece la vida y la hace menos monótona, lo que le faltaba al realismo socialista”.

¿Qué dificultades tuvo durante el rodaje? ¿Piensa que habría podido quitar o añadir algo a la película?
“Rodamos todo en cinco semanas que, como sabe, son pocas para un guión como éste. Piense que solamente para la escena de la boda se requirieron 150 comparsas y que teníamos que terminar la toma en un día, algo increíble. Obviamente, me hubiera gustado incluir todos los detalles que hay en el guión, y créame, si alguna vez tiene oportunidad de leerlo, está lleno de ellos, pero la falta de tiempo y el presupuesto reducido te obliga a dejarlos fuera”.

¿Cómo se sintió en Albania el equipo de rodaje italiano?
“Salimos de Italia justo después del 11 de septiembre de 2001 y vinieron conmigo unos 40 italianos. Algunos estaban un poco locos, como yo; a otros, por el contrario, les daba miedo la idea de Albania como país musulmán. Sin embargo, durante todo el rodaje trabajamos tranquilos, sin problemas. Nunca nadie levantó la voz, es más, puedo decir que fue muy divertido. Después de las tomas, por la noche nos sentábamos en el único local que quedaba abierto, sólo para nosotros, y pasábamos largas horas conversando y bromeando. Nos hicimos amigos. Los italianos dejaron mi país con lágrimas en los ojos y luego repetían: “Añoro Albania”. Me llaman a menudo por teléfono para preguntarme cuándo podremos repetir esa experiencia en Albania. Se creó un ambiente de respeto recíproco tanto por parte de los albaneses como de los italianos, y creo que esto se nota en la película”.

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