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Caroline Deruas • Directora

"La apertura de las fronteras entre lo real, lo imaginario y lo onírico"

por 

- Vimos a Caroline Deruas para hablar de L'Indomptée, que compite en el festival de cine europeo de Les Arcs

Caroline Deruas • Directora
(© Festival de Cinéma Européen des Arcs / Alexandra Fleurentin et Olivier Monge)

Presentada en Locarno, en la sección Cineastas del Presente, y en la competición esta semana en el octavo festival de cine europeo de Les Arcs, L'Indomptée [+lee también:
crítica
tráiler
entrevista: Caroline Deruas
ficha del filme
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(que distribuirá en Francia el 1 de febrero Les Films du Losange) es el primer largometraje tras la cámara de Caroline Deruas tras su labor de coguionista en las últimas cuatro películas de Philippe Garrel. Su proyecto de segundo largometraje, Sad Liza (producid por Les Films de la Capitaine) también estuvo presente en Les Arcs, en la selección del Village des Coproductions.

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Cineuropa: L'Indomptée enmarca su historia en la la Villa Médicis de Roma, donde residió usted un tiempo. ¿Cuándo le sobrevino exactamente la idea de la película?
Caroline Deruas: Durante mi residencia. Al principio, acudí allí para escribir un proyecto de película sobre la escritora italiana Elsa Morante, pero es un trabajo de largo recorrido para el que prefiero tomarme mi tiempo. Tenía cierta fijación con la Villa Médicis; soñé con ella hasta 15 años antes de dormir allí. Una vez que gané, por fin, el concurso, al llegar, me dije que ya no iba a parar. Mi relación con ese lugar era casi una obsesión, prácticamente un amor: quería vivir algo todavía más fuerte con ese lugar. ¿Por qué no una película? Empecé a escribir sobre esas presencias fantasmagóricas que me fascinan, como la del cardenal de Médicis. Después investigué un poco y se me ocurrió hacer una película sobre Lucienne Heuvelmans, la primera mujer pensionaria de la Villa Médicis, en 1911, pero acabé metiendo poco a poco un montón de cosas en el proyecto. Es un cliché en un primer largometraje, pero quería experimentar con muchas cosas diferentes en la misma obra. No tarde en decirme que aquello era peligroso y que terminaría saliendo una bullabesa indigesta. Pero ese podía ser el reto de la película, ¿no? Viajar a través de todos esos mundos, abriendo fronteras entre lo real, lo imaginario y lo onírico.

Aun si la intemporalidad del lugar sumerge rápidamente la película en un universo rodeado de onirismo, la superficie de la intriga es la vida cotidiana de personalidades creativas en el trabajo.
Efectivamente, existe eso en tierra firma, esa vida íntima de Camille [ndr.: interpretada por Clotilde Hesme], el personaje principal, que llega con su marido. Se trata de una joven escritora que busca un poco su espacio, su eclosión. Y su marido es un escritor mucho más consagrado y, a la vez, tanto un modelo como una presencia que la aplasta un poco. Me gustaba la idea de representar ese lado laborioso, aunque no sea glamuroso, para mostrar después lo que puede ser la belleza del imaginario humano, lo lejos que uno puede llegar, hasta dónde uno se proyecta, aunque resulte incontrolable, sobre todo en lugares como la Villa Médicis, donde querríamos ser nuestros personajes, puesto que son mucho más libres que nosotros, más heroicos. Quería que estas dos facetas y que la escritora se proyectaran en esa fotógrafa [ndr.: encarnada por Jenna Thiam], que mantiene una relación mucho más libre con su arte, más directa, y que es para Camille una especie de encarnación ideal del artista.

Un primer largometraje, una película que mezcla hasta con el género fantástico y un rodaje en Italia: la producción no ha debido ser cosa fácil.
Fue muy complicada. La Villa Médicis daba bastante miedo, con ese lado elitista. Lo que me salvó fue Arte France Cinéma. Ciné+ se embarcó justo después y, más tarde, se unieron otras pequeñas fuentes de financiación. Tuve la extraordinaria oportunidad de dar con Eric de Chassey, director de la villa Médicis, que nos abrió todas las puertas del lugar y lo ha devuelto a la vida. Por ejemplo, yo no quería en absoluto leer mi guion, para sentirme libre, y él aceptó, aunque no le resultara fácil. Pude rodar gratis bajo mi estatus de antigua pensionaria.

¿De qué trata su nuevo proyecto, Sad Liza?
Es una historia que me advino durante mi adolescencia. El año antes de entrar en la universidad, perdí a mi mejor amiga. Teníamos 17 años, vivíamos en el sur de Francia, era un periodo en el que éramos muy inocentes, desbordantes de sueños, volcadas al futuro: subir a París, hacer películas yo, bailar ella, hacer el amor por primera vez con un chico... Era muy alegre y cuando perdió la vida me sentí muy sola y con una gran culpabilidad por verme con ese derecho a la vida, cosa que ella no tenía ya. La película habla de esa oda a la adolescencia, esa alegría, y, para la parte más dramática, me serviré del onirismo.

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(Traducción del francés)

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