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ANNECY 2018

Mats Grorud • Director

"Hay muchas cosas que no se dicen y debemos descubrir poco a poco"

por 

- El noruego Mats Grorud habló con nosotros de su primer largometraje, The Tower, tras su estreno en Annecy

Mats Grorud • Director

En su primer largometraje, The Tower [+lee también:
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entrevista: Mats Grorud
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, estrenado a escala mundial fuera de concurso en el 42º Festival internacional de cine de animación de Annecy (que se celebra entre los días 11 y 16 de junio), el cineasta noruego Mats Grorud cuenta la historia, a través de sus varias generaciones, de una familia que desde 1948 vive en un campo de refugiados palestinos en el Líbano.

Cineuropa: ¿De dónde te vino la idea de situar la intriga de su película en el campo de refugiados palestinos de Bourj el Barajneh, en Beirut (Líbano)?
Mats Grorud: Cuando era pequeño, mi madre trabajó en Líbano, durante la guerra, como enfermera. Cada vez que volvía, una vez cada tres meses, me contaba y me enseñaba fotos de los campos. Después, en 1989, cuando yo tenía 12 años, nos fuimos a vivir a El Cairo, donde ella trabajó en el hospital palestino. Allí aprovechamos para ir a Jerusalem y a Gaza, en una época bastante especial: la primera Intifada. A finales de los 90, fui por primera vez al Líbano y más tarde viví un año en Beirut, en 2001, trabajando para una ONG en el campo de Bourj el Barajneh. Participé en el mediometraje documental Out of Place, Out of Time,a cargo de un australiano. Eran entrevistas clásicas y a mí me apetecía, dada mi formación en animación, hacer algo distinto, algo que no fuera simplemente el enésimo documental sobre los refugiados palestinos de los campos sino una película que intentara llegar a un nuevo público como conmover al público de siempre de manera diferente.

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¿Cómo fue el proceso de escritura?
Fue muy largo. Escribí el guion y, después, Trygve Allister Diesen y Ståle Stein Berg, que tienen más experiencia, vinieron en mi ayuda. También trabajé mucho con los storyboarders y con mis amigos palestinos afincados en Suecia, Noruega y Líbano porque yo, al no ser palestino y en señal de respeto por el tema, quería asegurarme de la veracidad de todas las situaciones, los ambientes, los diálogos, etc.. Mi idea inicial eran tres personajes atrapados en un tejado y representantes de tres generaciones: el bisabuelo Sidi, que escapó de Palestina y pertenece a la generación que está desapareciendo; Wardi, la bisnieta, y el chico de las palomas entre ambos. Iba a girar todo en torno a las diferencias entre las generaciones, entre sus experiencias, el vínculo con el pasado y cómo los acontecimientos 1948 marcan sus vidas, cómo lo viven hoy, cómo lo viven y qué piensan del porvenir. Más tarde, esta idea se aplió porque quería mostrar más contrastes, más fragmentos de vida y no únicamente de estos tres personajes, además de mayores porciones del campo.

¿Cómo hiciste para integrar tantos aspectos dramáticos (el exilio, la pobreza, la lucha…) sin que la película no cayera por su propio peso en el drama?
Refleja la vida del campo, donde no nos damos nunca cuenta en primera instancia de lo que la gente ha vivido y sabe. Las familias intentan vivir dignamente y no cuentan los aspectos más dramáticos de su existencia. Uno puede tener un hermano pequeño asesinado o una parte de la familia exiliada en Australia o un abuelo muerto porque no tenía dinero para pagarse los medicamentos. Hay muchas cosas que no se dicen y debemos descubrir poco a poco. Esta es la manera en que escribí la película pero todo lo que viene del pasado está contenido ahí y puede golpearnos de repente. La cinta es un espejo de la vida en el campo. A veces hay guerra pero, cuando yo estuve, por ejemplo, no fue el caso. En cierto modo, es el campo a través de mi mirada.

¿Por qué optaste por crear una animación que mezclara marionetas y 2D?
Ya había trabajado así en mis cortos y funcionaba. Desde el principio, con todos los flashbacks, los numerosos personajes, los diferentes puntos de vista de Beirut, etc., era evidente que había que dibujar. Después, Rui Tenreiro y yo desarrollamos el estilo visual del film. Y el estudio francés de Foliascope, en Valence, hizo un trabajo formidable. La animación en sí se llevó a cabo rápidamente, en ocho meses, mientras que el desarrollo y la financiación llevaron entre seis y siete años.

¿Es The Tower una película política?
Es una película sobre seres humanos y sobre relaciones humanas. Lo que toca a Israel no es central en la película, que cuenta lo que les pasa a los palestinos y cómo les afecta eso a sus vidas. Yo viví un año en ese campo y he hecho esta película en agradecimiento a quienes conocí allí. Allí llevan 70 años y es difícil vivir una vida con la única perspectiva de ver a los seres querido morirse poco a poco. En general, no hablamos de los refugiados y, si lo hacemos, es para decir que se trata de una situación sin solución posible. Mi compromiso político es evidente y ésta es mi contribución para mostrar al resto del mundo la humanidad de esta gente que debería recibir un trato mejor.

(Traducción del francés)

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